viernes, 13 de marzo de 2009

Resumiendo: aún no llegué a la adultez

El hombre nace ya inserto en su cotidianidad. La maduración del hombre significa en toda sociedad que el individuo se hace con todas las habilidades imprescindibles para la vida cotidiana de la sociedad (capa social) dada. Es adulto quien es capaz de vivir por sí mismo su cotidianidad.
El adulto ha de dominar ante todo la manipulación de las cosas (de las cosas, naturalmente, que son imprescindibles para la vida de la cotidianidad de que se trate). Ha de aprender a sostener el vaso y a beber de él, a utilizar el cuchillo y el tenedor, por no citar sino ejemplos de los más sencillos. Pero ya ellos ponen en claro que la asimilación de la manipulación de las cosas es lo mismo que la asimilación de las relaciones sociales. (Pues no es adulto el que aprende a comer sólo con la mano, pese a que también de ese modo puede satisfacer sus necesidades vitales).
(…)
Si ya la asimilación de la manipulación de las cosas (y, eo ipso, la asimilación del dominio de la naturaleza y de las mediaciones sociales) es condición de la “maduración” del hombre hasta ser adulto en la cotidianidad, lo mismo se podrá decir, y al menos en la misma medida, por lo que hace a la asimilación inmediata de las formas del tráfico o comunicación social. Esta asimilación, esta “maduración” hasta la cotidianidad, empieza siempre “por grupos” (hoy, generalmente, en la familia, en la escuela, en comunidades menores). Y estos grupos face-to-face o copresenciales median y transmiten al individuo las costumbres, las normas, la ética de otras integraciones mayores.
El hombre aprende en el grupo los elementos de la cotidianidad (por ejemplo, que se tiene que levantar y actuar por su cuenta; o el modo de saludar, o cómo comportarse en determinadas situaciones sociales, etc.); pero no ingresa en las filas de los adultos, ni las normas asimiladas cobran “valor”, sino cuando estas comunican realmente al individuo los valores de las integraciones mayores, cuando el individuo –saliendo del grupo (por ejemplo, de la familia)– es capaz de sostenerse autónomamente en el mundo de las integraciones mayores, de orientarse en situaciones que ya no tienen la dimensión del grupo humano, de moverse en el medio de la sociedad en general y, además, de mover por su parte ese medio mismo.

(Historia y vida cotidiana * Agnes Heller)

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