sábado, 30 de noviembre de 2013

Sin clientes no hay trata

Este eslogan, falaz y pelotudo, es repetido acrítica y agobiantemente por un sinfín de bienpensantes que, de pronto, todxs juntxs, intentan asociar (casi) identitariamente prostitución y trata de personas. Es curioso: hace cinco años, cuando el gobierno municipal de Macri pretendió prohibir la oferta callejera de sexo, fue progre defenderla. Ahora, en cambio, es progre condenar toda oferta de sexo. Y con unos argumentos tan endebles que no deberían ser tenidos en cuenta por nadie que se animara a analizarlos.
Uno de los agitadores de estas ideas lamentables es el ahora legislador porteño Vera, gran amigo del nuevo monarca teocrático de Occidente. Al nabo ese, Vera, lo escuché decir en la tele: "De la puerta de su casa para adentro, no estamos contra la prostitución". Algunas –y algunos– no logran alquilar para vivir, ¡y el payaso este quiere que, además, alquilen para laburar (lo cual, encima, es mucho más caro)!
En esa línea también van lxs imbéciles mesiánicxs moralistas que arrancan los papelitos con que se ofrecen servicios sexuales en la vía pública sin importarles el perjuicio económico que les causan a las personas por las que supuestamente se preocupan. Por cierto, una de las ideólogas de esa boludez es una mina que también fue elegida legisladora porteña en las últimas elecciones. Por el PRO, el partido de Michetti, otro partido donde el monarca teocrático tiene injerencia.
Pero, más allá de esxs idiotas, de verdad no entiendo qué carajo quiere decir la frase esa. Es como decir que sin autos no habría accidentes de tránsito, por ejemplo. O que sin motos no habría motochorros.
Detrás del eslogan, pero junto con él, viene la relación que procuran establecer entre trata y prostitución, dando a entender que las personas que no se prostituyen por su cuenta son víctimas de trata. Lo cual es una gran mentira. El proxenetismo, que es un delito (y que, tal vez, debería dejar de serlo; o, al menos, permitir preguntarse por qué tantas chicas laburan en esas condiciones y no como independientes), no conlleva el secuestro y la esclavitud de las personas.
Pelotudas (y pelotudos) antipija que gastan ciertas aulas, y gastan también saliva repitiendo giladas y creyéndose revolucionarios o no se qué mierda, compran ropa sin que les importe si fue confeccionada por trabajadores cuasi esclavizados, toman mate sin que les importe si la yerba fue recolectada por trabajadores cuasi esclavizados (incluyendo niños, niñas y adolescentes), fuman cigarrillos sin que les importe si el tabaco fue cosechado por trabajadores cuasi esclavizados (incluyendo niños, niñas y adolescentes)...
Sin embargo, son bien rápidos para agitar cuando se trata de interferir en la sexualidad de adultos que dan su consentimiento. Porque no les interesa terminar con la trata, la esclavitud, etc., sino meterse en la cama de la gente. Como hacía el comisario Margaride, como quiere hacer –bah, seguir haciendo– la iglesia católica (y las otras religiones también, ja). Pero con el progresísimo argumento de luchar contra el patriarcado.
Y pretenden que la penalización al cliente supla la incapacidad del Estado de combatir el delito. De paso, culpabilizando al insensible y desalmado cliente (y callando la existencia de clientas, mujeres sin conciencia de género quizá), silencian cualquier observación sobre las condiciones que llevan a las personas a prostituirse, que, más allá de cada singularidad, muestran algunos elementos comunes, entre los cuales se destaca la maternidad: la gran mayoría de las prostitutas son madres. Madres a las que no les alcanzan los 400 o 500 mangos de la AUH. No comparados con los 4000 que puede ganar una chica "gasolera" en un privado (para no hablar de cuánto gana una chica que cobra 400 la hora, para no hablar de cuánto gana una chica que cobra 700 la hora, para no hablar de casos excepcionales como Jessica Cirio o Natacha Jaitt). Porque se trata de personas que, razonablemente, quieren estar cerca de los ingresos de la clase media, y no de la clase baja.
(Eso en Capital, claro. En las whiskerías junto a las rutas es bien probable que haya privaciones ilegítimas de la libertad. En esas zonas, como en la Patagonia o en el norte del país, impera una lógica totalmente diferente a la que se puede imaginar desde Buenos Aires, porque la cultura es inimaginablemente diferente).
Si se despenalizara el aborto, ¿cuántas prostitutas menos habría? (¿Y cuánta pobreza menos habría? ¿Y cuántas muertes menos habría?...). Pero, claro, este gobierno, que tantos derechos se jacta de haber ampliado, no amplía el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo. Bueno, convengamos que no es el único. El tan progre –y tan sexy– presidente ecuatoriano Correa, el que se enfrenta a Chevron, el ex boy scout, también se opone a la despenalización del aborto.
Volviendo al tema, lxs que quieren penalizar al cliente, ¿no ven que persiguiéndolo perjudican radicalmente la fuente de ingresos de las personas que ejercen la prostitución? No sé si no lo ven o no les importa, enceguecidoxs por su teoría y bien lejos de la gente. Y que no venga ningún/a bienpensante a hablarme de capacitaciones, inserción laboral, talleres, ayuda estatal, bla bla bla, como la panacea. Son bienvenidas, pero es imposible que abarquen a todxs. Como las cooperativas de cartoneros reconocidas por el GCBA –que incluso les pone colectivos 0 km para trasladarlos– no abarcan a todos los cartoneros y no quitaron de las calles los carros tirados por tracción a sangre, sea equina o humana. (Es imposible que abarquen a todxs y es imposible que todxs quieran ser abarcadxs, pero la voluntad de imponer obligatoriedades que tienen estxs militantes es agobiante).
Ah, de paso, que tampoco venga nadie a preguntarme retóricamente si todas las madres pobres se prostituyen...
Más bien, las situaciones de esclavitud son la excusa con que el mesianismo de lxs militantes –que creen que su militancia va a cambiar la cultura– busca permear la conciencia social para avanzar con sus ¿ideas? Que los clientes –a los que tendenciosamente llaman prostituyentes, cuando el prostituyente es el contexto en el cual una persona se prostituye– son ¡violadores seriales! Que la prostitución no es un trabajo (me gustaría que definiéramos qué entendemos por trabajo y, antes de preguntarnos si la prostitución es trabajo, o simultáneamente, nos preguntáramos si la tarefa o el cartoneo lo son). Que si fuera un trabajo, "¿se lo recomendarías a tu hermana?". ¿Pasa por semejante subjetividad la cosa? ¿Pasa por la subjetividad religiosa de Vera, que habla de que la cultura prostibularia cosifica a las personas y las degrada?
Así, es revelador ver a lxs antipatriarcado y a lxs filorreligiosxs hablar y militar respecto de algo que se vincula con la sexualidad, pero callar ante, digamos, las mujeres (y los hombres) que limpian inodoros ajenos. ¿Les recomendarían esa tarea a sus hermanxs? ¿No degrada a nadie limpiar inodoros ajenos? ¿Nadie tiene nada que decir acerca de que la mayoría de las personas que hacen "trabajos domésticos" son mujeres? ¿No hay consecuencias del patriarcado ahí? ¿No hay nadie que pida la abolición del "trabajo doméstico"? (¿Será porque no tendría la misma repercusión en las minas de clase media que se horrorizan con la prostitución, pero que no quieren verse como explotadoras y entonces dicen "la chica que me ayuda"?).
El relato que hacen las teorías, las caras visibles de AMMAR Capital –reproductoras de esa teoría, y cuya representación me genera tantas dudas como la de todos los jerarcas sindicales– y dos o tres minas que cuentan una historia trágica, de las cuales debe desprenderse que todas las historias de prostitución son trágicas, tiene mucha más y mejor prensa en los ámbitos donde se discute el tema que otras voces, disidentes, como la de Elena Reynaga o la de Eugenia Aravena, de Ammar Córdoba. Esta última, por ejemplo, frente a la decisión judicial que cerró las whiskerías cordobesas por considerar que la prostitución no puede considerarse un trabajo pues "la explotación de la prostitución es una forma de violencia contra las mujeres", manifestó: "En la sentencia se hace eje en que la prostitución no es un trabajo, afianzando la visión de las feministas abolicionistas de la prostitución. Aquí no tenemos ninguna posibilidad: ni de cambiar de trabajo ni de ser trabajadores sexuales. El trabajo sexual es un medio de vida para un montón de mujeres, hombres y transexuales. La sociedad tiene que aprender a respetar las decisiones de quienes queremos trabajar en esto".
Antes que estas voces, incluso las que encuentro más cercanas, preferiría que se prestara atención a la opinión de cualquier otrx prostitutx, a lxs que laburan en un privado, a las que van a Pampita o a Dolly's o a Cocodrilo, a los travas de Salta y Garay, al taxi boy que la otra noche me preguntó si quería un servicio cuando yo iba, vanamente, a la guardia de la facultad de Odontología. Otras voces, sin teoría, pero con mundo real. Como la de Majoh, que se había comprado todos los enseres para su casa, y lo único que le faltaba comprar ¡era la casa!; que había vuelto al privado porque le rendía mucho más que laburar de ayudante de cocina, que quería terminar el secundario, y que, también, quería dar vuelta esa página de su vida. Voces que digan algo distinto para quienes ya conocemos las voces que –hay que decirlo– aún siguen ocultas o desdeñadas por un mainstream deseoso de cumplir los mandatos de la corrección política.
Porque la puerilidad y la soberbia de las personas que vienen con este eslogan son chocantes. La soberbia de quien se arroga la palabra de muchas (otras) personas sin consultarlas, de quien pretende que la relación que otrxs tienen con los cuerpos –con el propio y con los ajenos– sea igual a la suya, de quien pretende que la relación que otrxs tienen con el dinero sea igual a la suya, por ser la única válida, o la más esclarecida... La puerilidad de pretender que si se suprime la oferta no habrá demanda o viceversa... ¿De verdad creeen que prohibiendo algo va a desaparecer? ¿Son tan idiotas que no ven que seguirá sucediendo si se lo prohíbe, pero más oculto y más caro, condiciones más propicias para las organizaciones clandestinas que escapan al control del Estado?
Si de verdad hay secuestros de mujeres (nunca de tipos, nunca de chicos, solo mujeres y niñas, nunca para traficar órganos, qué cosa...) impunes, es decir, si hay grupos con semejante capacidad operativa, ¿van a dejar de funcionar sólo porque una ley pene al tipo que quiere ponerla sin historia y sin histéricas que le rompan las bolas (o a la pareja que quiere cumplir una fantasía, o al tipo que quiere que se la pongan, etc.)?
Bueno, como ya dije muchas cosas inconvenientes, y como el post se hizo muy largo y no sé cómo terminarlo, agrego una más, y pregunto: ¿el porno, para este gente, sería una forma de prostitución? ¿Vendrán, también, por el porno?

4 comentarios:

y. O. dijo...

Algunas voces empiezan a decir algo distinto a lo que el canon académico establece.
Y, aun con azoramiento y un rídiculo adjetivo, "polémicas", encuentran algún eco en el Templo de la Teoría

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/subnotas/8790-893-2014-04-19.html
El secuestro es muy infrecuente. Las situaciones forzosas están relacionadas con un engaño sobre qué trabajos iban a hacer. En cambio, las chicas que conocí en mi trabajo de campo tienen sexo comercial porque entienden que es el mejor arreglo que han podido obtener. La ley de trata trabaja sobre un perfil de víctima en que la asistencia puede ser útil cuando las mujeres están contra su voluntad, pero muchas que ofrecen sexo comercial mantienen a su familia y no les sirve una asistencia o un curso de peluquería, porque con eso no pueden mantener a una familia, ya que casi todas son madres y cabezas de familia.

Un aspecto importante es la gran cantidad de mujeres criminalizadas por delito de trata, porque para ellas la movilidad social es pasar a regentear el prostíbulo o trabajar como recepcionistas, y a partir de la ley de trata se está procesando a estas mujeres como victimarias. Por eso soy crítica de la aplicación de la ley.


Mientras, las buenas conciencias arrancan los avisos con oferta sexual, estigmatizan al cliente y, finalmente, parecen interesadas en quedar bien con su Moral o en abaratar aún más la mano de obra de las empleadas domésticas (trabajo que no es denigrante ni constituye explotación: todas las que limpian inodoros ajenos lo hacen porque quieren).

pedro dijo...

En esas zonas, como en la Patagonia o en el norte del país, impera una lógica totalmente diferente a la que se puede imaginar desde Buenos Aires, porque la cultura es inimaginablemente diferente).
si en la gran civilizacion bonaerense no pasan esas cosas :)

Anónimo dijo...

¿prostitución de menores, minas secuestradas?
nunca encontré.
¿whiskerías a la vera de las rutas, pueblos mineros o de producción basada en cultivos para cosechar? no, no hay.
¿sexo con menores naturalizado (no por plata: hablo de pendejas de 14 o 15 en pareja con tipos de más de 20)? no hay demasiado, no está naturalizado.

y sí, acá somos más sofisticados... :p
putas que se promocionan en programas de tele, tapas de revistas... jaja

yo dijo...

che, lxs que están compartiendo esto en facebook, ¿son abolicionistas bergoglistas arrancadores de sticker en nombre de la Moral católica, trotskista, feminista, etcétera?