sábado, 31 de enero de 2015

El Sarmiento era de otro mundo (en febrero de 2012)

En un recorrido sin sentido por la web llegué hasta un blog oficialista, en el cual se comentaba un viaje en el Sarmiento y se afirmaba que era una lástima tener que bajarse de un tren nuevo con pasajeros sentados, aire acondicionado y el partido (de Fútbol para Todos, claro) en televisores LED. Otros blogueros del endógamico mundo K comentaban dando su entusiasmada aprobación al posteo. Para uno era muy bonito, para otro estaba buenísimo y parecía de otro mundo. En febrero de 2012. Diez días antes del múltiple homicidio.
Elegí no dejarle un mensaje puteándolo al forro que escribió eso porque desconté que vendría la mini horda que se publicita endogámicamente en sus blogrolls a usar la palabreja "opo" y a argumentar falazmente. Pero de algún modo quería sacarme el asombro y la indignación ante semejante mierda, propia de defensores de Jaime, Schiavi y Kirchner (sí, Él también, Él es ellos). Porque algunos quedan aún hoy, y, cual negadores patológicos, o miserables arrastrados repetidores de la versión cuasioficial, hablan de que fue un atentado, como si los motormen del Sarmiento fueran parte de una célula yihadista o algo así.
Tan esforzados en vincular con ese "atentado" a Sobrero y su agrupación no alineada con el Gobierno, se olvidan no sólo de cómo andaba el Sarmiento: se olvidan del Mitre y sus descarrilamientos frecuentes en Palermo, del tren que siguió de largo en la estación Buenos Aires del Belgrano Sur, del choque del San Martín en San Miguel, del estado de total abandono de los ramales diésel del Mitre y del Sarmiento... Estas lacras son de la misma laya de quienes agitaban con la foto de un cura dándole la comunión a Videla, pretendiendo que el cura era Bergoglio, a sabiendas de que no era.
La construcción de realidades, a la que son tan afectos, revela cómo consideran a la gente: meras marionetas de su conveniencia que, cuando crean y repitan su verso, los harán subir en el escalafón de hijos de puta remunerados por el Estado. Y qué sentido le dan al discurso y la comunicación: la palabra como medio para ocupar lugares, no importa su pertinencia o su veracidad, en la búsqueda sistemática de la imposición de la propia voz, el autoensalzamiento, la exculpación y la justificación de todo lo hecho (salvo las pocas veces en que les bajan la línea de que es insosteniblemente obsceno justificarse), y la descalificación del otro, que muchas veces se manifiesta en el deseo de suprimirlo.
Una de esas realidades se trató de construir cuando el Estado, a través de sus voceros y su oligopolio informativo, procuró instalar la idea del maquinista epiléptico y, luego, la del maquinista borracho: recuerdo claramente a las ratas Paulo Kablan, Andres Klipphan y Claudio Zin agitando con eso en C5N, leyendo con tono de superprimicia el "resultado de las pericias" que confirmaban la presencia de rastros de alcohol en la sangre del maquinista. No conformes con eso, agregaban que la extracción de sangre se había realizado varias horas después del choque, de lo cual deducían que a las 8:31 estaba aún más borracho.
Esa insistencia patológica en la construcción de realidades comienza, se sabe, en la propia presidente. En lo referido a este hecho, luego del múltiple homicidio reapareció, tras varios días de silencio, en un acto multitudinario. Además de "vamos por todo", entonces dijo: "No esperen de mí actos demagógicos, y menos aún ante la muerte. Con la muerte no”. A los tres o cuatro días, la que no hace demagogia con la muerte presentó en un acto televisado a una supuesta militante de su partido, que supuestamente viajaba en el tren de la masacre.
La chica apareció ante las cámaras con una remera de una organización oficialista mientras la presidente usaba sus particularmente despreciables diminutivos y le restaba toda trascendencia al choque: ni una palabra sobre los muertos o sus familias. Sólo la militante, una excusa para criticar a ciertos medios, y una frase reveladora: "Bajó pensando que era un golpe más".
Por cierto, curiosa lógica la de los militantes de La Schiavi: fue un sabotaje, pero, en vez de denunciarlo, el Estado ¡cambió los trenes!
Otros oficialistas, un poco más rescatados, hablan maravillas de Randazzo, poniendo distancia de la gestión de Jaime y Schiavi y su connivencia con los Cirigliano. Lástima que Randazzo, como ministro de Transporte (¿o es sólo ministro de Pasaportes y Documentos Biométricos?), siga permitiendo aún hoy las truchadas del grupo Plaza, que acorta el recorrido de sus líneas de colectivos 136, 153 y 163, perjudicando a decenas de miles de personas, o que presta servicio en la línea 104 con menos de cinco coches (a veces, con dos coches).
¿El Estado kirchnerista haciendo la vista gorda ante las irregularidades del grupo Cirigliano? Mmmm… Me suena… Tu cara me suena, Randy: hacés lo mismo que Schiavi y Jaime.
Y no sólo con Plaza. El ente de control brilla por su ausencia también a la hora de controlar a la nueva empresa favorita del gobierno, el grupo misionero Zbikoski, que crece a ritmo llamativo y acumula más y más líneas de colectivos en Capital y el Gran Buenos Aires, como sucedió con Plaza (y con Dota) en los 90 y en los 2000.
Ni te cuento si esta empresa se hace cargo de las líneas de Ecotrans, como se rumorea... Bueno, si eso se da, sería un nuevo negocio entre Zbikoski y Cirigliano, apañado por el ministro de Transporte. Pues ya hicieron uno, con los trenes del Tren de los Pueblos Libres, ese fracaso descomunal que la presidente y sus funcionarios de Transporte le otorgaron al grupo Cirigliano para unir Pilar con la ciudad uruguaya de Paso de los Toros. Y que circuló menos de seis meses…
Ahora, el mes pasado, comenzó a prestarse un servicio ferroviario entre Posadas y la ciudad paraguaya de Encarnación, cuya concesión se otorgó directamente, es decir, sin licitación... La beneficiada fue una empresa del grupo Zbikoski, y los coches que usa son los mismos del tren a Uruguay, vendidos oportunamente por TBA, la empresa del grupo Cirigliano, a los Zbikoski antes de que se declarara la quiebra de TBA. Randazzo da el okey. Y el subsidio, claro. Y entre tantas firmas se le escapa otra, la que manda a empapelar la ciudad con su imagen de precandidato, violando la ley al respecto, sancionada durante este gobierno.
En los blogs y las cuentas de Twitter que responden al oficialismo, el tema del transporte había mutado en la caza del trosko ferroviario, nuevo objetivo de las acusaciones del Gobierno y de sus militantes, e iba quedando desplazado por la justificación de la ley de autoamnistía –que no tiene la forma de 1983, sino la de elección al Parlasur– o, quizá, por la preparación del próximo: denostar al futuro gobierno por la inevitable devaluación que deberá realizar, consecuencia del enorme atraso cambiario (Olga Bulat les recomienda "si su inversión es de acá a un año, compren dólares si pueden"), y por los aumentos que deberá autorizar en los servicios públicos. Cultivando el Menem style, le dejarán al que llegue una bomba de tiempo. Y cuando explote, o trate de desactivarla, estarán listos para reírse y criticar.
(Uh, me dicen por cucaracha que el agua ya aumentó un 400%… La luz no, ese aumento lo postergan, ese es muy sensible para la clase media aireacondicionada).
Pero a veces todo queda atrás rápida e inesperadamente, y los negadores de la inflación, los que le echan la culpa de los cortes de luz a Edesur, los puteadores de opos, troskos y tibios, de pronto se transformaron en expertos en seguridad e inteligencia. Tan rápido queda atrás todo que Olga Bulat hoy abre el diario y se entera de que va a tener que cambiarse el apellido…

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