sábado, 14 de junio de 2014

No sé, fijate… (looking for some respect)



O hacelo vos y decime tu puntaje.

El test de espectroautista.info donde saqué 44 puntos ("Muy alto: la media de las personas con síndrome de Asperger o autismo de alto funcionamiento es de 35"), no lo pongo. Ese no…

Sobre el Page Rank y otras cosas

Con un poco de tiempo sobrante en el cyber, la otra vez que actualicé el blog aproveché para chusmear las estadísticas. Previsiblemente, todos los que llegan a través de un buscador llegan a través de Google. No tan previsible es que más de un 90% de la gente googlea logueada en Gmail o habiendo iniciado sesión en Chrome, etc., de modo que le deja su historial de búsqueda al monopolio de Mountain View. (Me corrijo: las búsquedas sobre las que Google no provee datos ahora también incluyen algunas que se hacen sin estar logueado).
La mayor sorpresa, sin embargo, fue cuando usé un proxy para loguearme con una cuenta distinta de esta porque no quería dejar la misma IP en las dos cuentas. Me volví vieja buscando un proxy no transparente ya que todos los que usaba, al probar en ipaddress, me decían que estaba usando un proxy, que su IP era equis y que mi IP original era zeta.
Finalmente, di con uno que pasó la prueba de cual-es-mi-ip, y me logueé en esa otra cuenta de Gmail. Cuál no fue mi sorpresa cuando, sin premeditarlo, hice clic abajo a la derecha, en "actividad reciente", y me anoticié de que para Gmail (y entiendo que también para todos los sitios de Google) el proxy no existía. La IP que ellos registraban era la original del cyber, y no la del proxy que tanto me costó conseguir.
Así que esa (vieja) forma de encontrar un resquicio anónimo en la web no sirve más. Si alguien sugiere alguna otra, bienvenida. (Tor no cuenta porque al usar una IP de, ponele, Dinamarca, no te deja abrir la cuenta presumiendo "tráfico inusual").
Volviendo a las estadísticas, supe que los posts más visitados son el de los cien mejores blues, el de la arquitecta Iris Cantante, el de la cajeta de Vanucci e incluso el de Andrés Klipphan. Y el de las equivalencias sobre los números de zapatillas. Todos posts cuyos títulos parecen ser atractivos para el algoritmo de Google.
Sin embargo, otros con títulos que considero igual de atractivos no tienen esa suerte en el Page Rank. En especial dos a los que les tengo particular aprecio y que presentan temas que presumí interesantes. Uno es el de los poemas de Rafeef Ziadah, la poderosa poeta y performer palestina, en el cual no solo reproduzco los dos poemas más conocidos de ella, de los cuales hay versión castellana en la web, sino algunos otros de los que esta es la única traducción a nuestro idioma conocida en internet.
Incluso le cambié el título al post, que originalmente se llamaba "Salvaje", como uno de esos poemas, y ahora, por un tiempo nada más, se llama "Poemas de Rafeef Ziadah en español". Pero el cambio de título fue tan vano a la hora de seducir al buscador como lo había sido esa misma frase escrita en blanco sobre fondo blanco en el cuerpo del post.
El otro es el que habla de Jorge Corsi, el psicólogo especialista en abuso de menores que, de tanto especializarse, terminó siendo él mismo un abusador (o, quizá, el abusador de menores que, de tanto abusar, terminó siendo un especialista en abuso…), y de Natalia "La Pepa" Gaitán, esa chica cordobesa asesinada por el padrastro de su novia menor de edad que es reivindicada por militroskas y militortas como ícono de no sé qué mierda cuando en realidad era una basura de persona. Porque no sólo se cogía a una menor de edad sin consentimiento de los padres, sino que se aprovechó de la conflictiva situación familiar de la menor para llevársela a vivir con ella. Y se aprovechó también de otra posición de privilegio, la de ser hija de una mina que tenía un comedor.
Gaitán era, también, alguien que, mientras estaba en pareja con la menor y convivía con ella, dormía en la misma cama con su "amiga íntima" (y tal vez con la menor, pero nadie en el juicio se interesó en eso), la cual, a su vez, seducía a la hermana menor de la menor, que tenía 14 años. Y era una golpeadora que cagaba a palos a su novia anterior (y tal vez también a la menor, pero nadie en el juicio se interesó en eso cuando ella declaró que Gaitán le pegaba a aquella novia hasta dejarle la cara morada) y una persona violenta que cultivaba la violencia física –tanto que hacía vale todo– y solía dirimir sus disputas a trompadas.
Ese apego por la violencia es reivindicado por la abogada de la querella, quien dijo: "Si Torres (el padrastro) se iba a las manos con la Pepa, perdía". De ser eso cierto, encuentro bastante lógico que haya usado un arma de fuego. Habría que explicarle a la abogada esta que la pólvora no la inventó un grandote, ni un forzudo: la inventó un petiso podrido de que lo cagaran a trompadas.
Y todas esas conductas de Gaitán son reivindicadas por lxs militontxs y las militortas que necesitan un mártir para que sus reclamos tengan mayor repercusión. No importa si su mártir es una persona impresentable e indefendible, como lo era Gaitán. Entonces, callan todo este pasado y cada año van sumando un nuevo eslogan para reinventarlo. A la mentira inicial, "fusilada por lesbiana" (desarticulada en el juicio, donde todos coincidieron en que tanto Gaitán como su novia anterior y su amiga íntima eran bienvenidas en la casa de la menor y del padrastro), fueron agregando lo de "militante social" y lo de "lesbiana visible". Este último, un patético eufemismo por superchonga, o por marimacho, pareciera pretender que todas las lesbianas visibles son algo así como un tipo con concha. Bastante discriminador, me parece… Lesbiana visible para mí es Paula Maffia, por ejemplo, y no necesita masculinizarse ni un poquito.
Más bien, veo que Gaitán era una de esas personas nefastas con personalidades casi psicopáticas que uno a veces tiene la desgracia de cruzarse, dispuestas a imponer su voluntad a como dé lugar y sin reconocer límites, lo cual en este caso incluía explícitamente la violencia física. Gente así, bien muerta está.
Me encantaría que esos dos posts tuvieran más visitas, que sean más los que conozcan a Rafeef Ziadah, y sobre todo a través de mí, ja ja, y que sean menos los que ensalcen a esta abusadora de menores y golpeadora convertida en heroína (militante social no: ¡embambinadora!) sin haber escuchado los audios del juicio y sólo repitiendo las boludeces hagiográficas de Marta Dillon y otras forras similares, como esa que escribió "fusilada por la fálica escopeta del padrastro". Porque, de tan idiotas, además de censurar comentarios en los blogs "militantes por la diversidad", capaz que un día terminan defendiendo a Corsi. O a Grassi (o a Marshall Meyer, que también los religiosos judíos abusan de menores).
Volviendo al tema original, descubrí otra cosa: Bing (sí, hay algo que se llama Bing, aunque nadie lo use) ha quitado el resultado de mi blog cuando uno busca sobre la arquitecta Cantante. No explica la razón, pero parece factible que alguien haya pedido que lo bloquearan. Si fue así, amigos, no entendieron nada. Y sale voto positivo para Google, que no bloqueó, pues supongo que también se lo habrán pedido.

Nada placentero

Oculto en el ascensor
pude comenzar el día
continuando un sueño
poco placentero.
Luego en la calle,
a la sensación:
muchos de ellos
entre direcciones,
guardando secretos
poco placenteros.
Gente haciendo colas sin final,
imitaciones diversas,
viaja sola y triste a trabajar
sacrificando el tiempo,
viviendo momentos
poco placenteros.
Poco placenteros.

Viviendo momentos poco placenteros.
Viviendo momentos poco placenteros.
(Los Pillos * Poco placentero)

Brancatellis del rock

Desde hace varios años, y en consonancia con muchos otros sectores de la sociedad, unos cuantos músicos viven de la inagotable teta del Estado. Esto se manifiesta sobre todo en la realización de conciertos gratuitos –bienvenidos si el artista nos gusta, pues las entradas de los recitales son cada vez más caras–, los cuales, sospecho a veces, son la mayor fuente de ingresos de algunos de ellos.
Hay una especie de elenco estable de músicos que suelen tocar gratis, solos o en festivales organizados por diversos organismos estatales, y en cuanto atañe al rock esa selección está capitaneada por Lito Vitale y sus homenajes. Si hay algo que me parece incompatible con el rock es la idea de homenaje, pero, bue…
Alguno hasta se sentó a la mesa de 678 y, antes o después de Barone, dijo: "Más allá de las adversidades, que siempre están, gracias a Néstor 3000000 de jubilados pudieron tener una jubilación sin antes haberla tenido, y entre esas personas está mi vieja, que ahora no está viva. (…) Ante eso no hay adversidad que me pueda cambiar de idea".
Ante la muerte de un familiar, difícil pedir un análisis racional, pero resulta bastante micro y autorreferencial la mirada del cantante de la ceja depilada, que valora una acción de gobierno únicamente según cómo lo favorezca o no. Mirada sesgada que deja en silencio al sinnúmero de jubilados cuyos haberes fueron mal liquidados y que, cuando ganaron el juicio que debieron iniciar para cobrar lo que les correspondía, se encontraron con la apelación del gobierno, que apuesta a que se mueran mientras pasan, lentamente, los tiempos judiciales.
Muchísimo más que esa aparición televisiva, lo que realmente me sorprendió fue ver a la banda independiente que hacía su caminito al costado del mundo tocar auspiciada por el Estado nacional en Plaza de Mayo, en ese acto que contó con la presencia de la presidente que baila y de la ministra de Cultura y Prostitución, Moria Casán. Sí, aquella noche de los saqueos y los muertos y la pantalla dividida…
No los convencía ni el demócrata ni el fascista, y ni siquiera eran anarquistas. Pero ahora son oficialistas. Sorprendente.
Bueno, capaz que veo todo (más bien, mucho: trato de no caer en la tentación de los absolutos) al revés. Pero me llena de asombro que una banda cuyo mayor capital, casi el único, era la "credibilidad", jactarse de seguir siendo los mismos de siempre, termine como bufón bien pago del Estado, ante el cual corona su actuación cambiándole la letra a una canción para sumarse –¡tarde!– a la militancia pueril. Dicen "claringrilla" como el multitudinario evasor, el dios que trae inversiones y por eso justifica exenciones impositivas (casi como Chevron), vejete deslumbrado con la reivindicación falaz de sus años mozos, dijo, en un inédito acto de contracultura televisada, "seis siete ocho".
Otra sorpresa –apenas menor que la anterior, habida cuenta de, por ejemplo, su aparición en el programa televisivo de Jorge Coscia y de un par de gastados comentarios antimacristas que le escuché– fue la aparición del cantante que solía cantar usando una remera con la A anarquista en el show con el que se celebró la Revolución. Lo que siempre conocimos como Revolución de Mayo y que desde el canal estatal se renombró, subrepticiamente, como Revolución.
El mismo cantante al que no le salían los covers, que no los podía hacer carne, logró encarnar sendas canciones ajenas en sus dos apariciones de esta índole. De todos modos, más que esto me llamó la atención ver al cantante anarquista festejando la Patria, festejando el Estado, festejando a este gobierno, experto en adueñarse de festejos, símbolos y palabras. Porque si sería un acto militante darle un beso a Coscia, si todo es un acto político militante, como sostiene, lo es especialmente participar de las celebraciones grosmanescas.
Así, un cantante que suele tutear la belleza y que tiene un discurso bastante más elaborado y complejo que el de sus vecinos termina participando de un acto partidario al que pretende presentarse como una celebración "de todos". Termina en un lugar con fuegos artificiales, locutores de tono épico y discurso de Billiken revisionista. Desconcertante.

Lo que los demás quieren cuando ellos quieren


Dedicado a todos los que me stalkean, acá y en otros lugares.
Si ya saben dónde vivo, vengan a casa cuando quieran. Vengan y chúpenmela.

"El cónyuge supérstite retira su parte, su 50%, y el otro 50% se reparte entre los herederos", explicó el abogado. Porque, nos enteramos ahora, hay otro heredero, extrafamiliar (o casi: un integrante de la familia extendida y anómala que supieron construir), instituido como tal en un testamento escrito sólo con palabras técnicas, evidentemente dictadas por un profesional. Con palabras técnicas y sin ninguna explicación.
Dios no explica. Ejecuta su voluntad desde el más allá, fuera del alcance de reproches, preguntas o puteadas. Ejecuta su voluntad desde el más allá, y los que quedamos acá nos la tenemos que fumar mientras vemos cómo el titiritero de vidas ajenas continúa su labor post mórtem.
Finalmente, mi madre tuvo razón. Había un testamento. Yo, la verdad, pensé que no. Que, por su manera de ser, a mi viejo algo se le tendría que haber escapado: un comentario, una broma, una alusión. Pero no. Grandes actores ambos, él y su cuidador, mantuvieron el secreto durante cuatro años.
Cuatro años en los que siguió sacándome cosas (objetos, de esos que "van a ser tuyos", sobre los cuales dispuso cuando y como quiso, y sin avisarme; laburos, que les dio a otros, etc.), en los que realizó lo que ahora se revela como una puesta en escena retorcida, o perversa, eso de pedirme permiso para donar algunos de los objetos que "iban a ser míos" a cierto lugar. Y yo, sin margen para esquivar su insistencia de moribundo, y sin considerarlos demasiado valiosos (y sin lograr que él registrara mi repetida mención de su poca utilidad), me conformé pensando "bue, ahora pide permiso, ahora me considera"…
Cuatro años de una ficción construida por él y por el beneficiario, que se hacía el pobrecito, preocupadísimo por la guita que le había prestado el año pasado a mi viejo, como si no tuviera el reaseguro de una herencia. No lo olvidemos, el muchacho llegó a esta casa de su mano para hacer unas reparaciones y rápidamente se transformó en el amante y luego novio de mi madre: "¿Querés que sea tu nuevo papá?", preguntó una noche, sentado en el borde de esta misma cama en la que escribo.
Igual, no sé por qué me hago drama, si mi viejo me regaló medio depto y me malvendió la otra mitad… ¡Ah, no, pará!: ese era el analfabeto con el que vivió en los 90.
Bue, me dejó un auto. (No: me dicen por cucaracha que ese era el taxista).
Ah, pero me dejó libros escritos por él como ghost writer y firmados por mí, muchos contactos, una editorial y los derechos sobre los libros que publicó en ella. ¿Qué no? Que no, no, no, no, que ese era el que se llevaba, con o sin su anuencia, los objetos que "van a ser tuyos".
Y los diccionarios extranjeros, el diccionario de cubanismos de Pichardo… "Cuando yo me muera, no los vendas por dos pesos". Imposible venderlos, porque yo tuve que hacer la lista de esos diccionarios para que con ellos le pagara al lugar ese una deuda de la que le advertí durante meses sin que me diera bola. (Y alguna vez, años después, cuando mencioné el tema, lo desestimó porque "eran libros muy raros, no se los ibas a poder vender a nadie").
Ya sé: ¡el departamento en Necochea! Uh, cierto que no lo compraron, que no sé qué hicieron con esa guita, con esa idea, con eso…
Bueno, el otro departamento… "Le va a quedar un departamento", respondió, cuando alguien le preguntó sobre ciertos gastos –que no recuerdo y que le parecían dispendiosos– e hizo referencia a mí. "Le va a quedar un departamento", dijo él, como diciendo "onda que ya es bastante". Pero no. Me va a quedar menos que un departamento (de cincuenta años en un monobloc).
¿La mitad de la jubilación mal liquidada? No. Ese fue un bonus para el beneficiario. Y la otra mitad fue para mi madre. Y a mí, de paso, ni me avisaron.
¿Y la ciudadanía europea?… Nah. No demostró interés, y yo tampoco supe cómo llevar adelante el trámite, y quedó en nada.
Al menos, está el seguro de vida que estaba pagando y que me hizo firmar con tanta alharaca. Ah. Cierto. Dejó de pagarlo. Y no me dijo.
En realidad, la mayor herencia que me deja, la verdadera, es esta inmensa bola de odio, que me demandará años y fortunas de terapia manejar y que espero que no termine enfermándome. Inocente, imaginé que iba a quedar un torbellino difuso de partículas que se podría ir disolviendo quién sabe cuándo. Pero no: queda una montaña enorme de odio sólido y negro. Porque ese es el legado que eligió dejarme: un odio gigante. No un padre que tuvo hijos para hacer lo que había que hacer, no una relación intrincada, profesional, rota no sé cuándo… Quiso ser para mí un padre definitivamente sumergido en un océano infinito de mierda, uno que te caga desde el más allá. Uno que te caga acá, solapadamente, y que recién lo manifiesta cuando ya no está, y a través de otro, o del abogado del otro, en Tribunales.
La verdad, no creí que me odiara y/o despreciara tanto. Porque es conmigo el asunto, porque afectó sólo mi parte, no la de mi madre. Ni siquiera el gesto paliativo de cagarnos equitativamente… Nop.
Algo así sólo puede hacerse en una telenovela mexicana o como manifestación de un enorme odio y/o desprecio hacia alguien, mucho mayor que el odio que algunos despistados podrían suponer de mi parte hacia él. Porque, claro, seguro que muchos de esos algunos, o todos, tienen no sé qué versión de las cosas –y los que tienen la mía a veces la interpretan de un modo que me sorprende–, y porque a muchos o a todos seguro que no les dejé una buena imagen no yendo al velatorio. Ni al sanatorio…
En cambio, ellos, el asistente, el cuidador, tan sociables, tan afables, tan presentes… Estuvieron hasta el último minuto, fue su elegido, vivió más gracias a él (esto último seguramente es cierto, dicho sea de paso).
Pienso en desde cuándo me odió así. En ese desprecio, del que tengo dos recuerdos chirriantes: uno, de hace relativamente poco, unos diez años, cuando se le había ocurrido publicar una edición bilingüe de cierto texto, y yo, que atendía al traductor, hice una observación, la cual desestimó con una explicación referida al ablativo absoluto y con un corolario que me asombró porque revelaba cómo la había tomado: "A papá mono con bananas verdes". El otro fue en mi niñez: de visita en Montevideo, sentado en la cama del hotel, frente a mí, su pene se liberó del calzoncillo anatómico, y nunca supe si fue casualidad o un acto de exhibicionismo para marcar terreno. (Y no puedo no pensar en cuántas otras cosas similares habrán sucedido en mi niñez, cosas de esas que no se recuerdan, ni en cuánto habrán contribuido para que yo sea esto que soy).
Tal vez porque yo siempre busco dejar un buen recuerdo, porque lo único que queda son los recuerdos, me asombran muchísimo sus ganas de hacerse odiar y el radical desinterés respecto de cómo lo recordaré. Lo mismo me pasa con algunas personas que pasaron por mi vida y desaparecieron con la voluntad de acertarme el garzo pútrido de su inesperado desprecio en el medio de la cara mediante un silencio que se tornó tan imperturbable como ofensivo ante mis preguntas y mis intentos de comunicación. A una de esas personas que se revelaron como abyectas mierdas más de una vez le escribí o le dije en el contestador que me hacía acordar a mi padre, a una frase que mi padre dijo una vez: "Con Migo no se puede hablar". Su respuesta fue similar a la que me daría el muerto si le preguntara algo: un silencio de tumba.
No los entiendo a ellos ni tampoco entiendo a mi padre. Tal vez porque no me imaginé que podía ser tan hijo de puta, porque no pensé que se podía cagar así en una persona, que se podía cagar así a los hijos. Supongo que algunas cosas se explican sólo por una patología jodida, por algo perverso. Como este "mirá lo que te hice sin que vos puedas hacer nada, nunca; mirá cómo te lo hice que vos no te enteraste, nunca, hasta que yo quise".
Mientras, mi madre maneja las cosas y los tiempos a su antojo, sin que yo pueda o sepa hacer nada: porque tiene que "pensar en su futuro" calla algunas, deforma otras y… me regala ropa (horrible). Y yo siempre soy un títere de los demás, del muerto, de la viva, del beneficiario, de los vecinos que me imponen su ritmo circadiano y su vibración hostil y, lo más triste, de los que me conocen a través mío, que aparecen, agitan, generan cariño, desaparecen inexplicadamente (o habiendo dicho "lo que yo quiero cuando yo quiero", frase que también ejecutan quienes no la dicen) y me condenan a un destierro que me interroga sobre qué soy para recibir ese trato.

domingo, 30 de marzo de 2014

Brown snake (II)




¿Las ambulancias terminan devorándose todo?

La morguera se traga el cuerpo
antes que la tierra
o el horno.
Todo lo demás queda.
Todo.
Una presencia gaseosa,
a veces tan imprecisa
como la que hubo antes
de que cerraran la puerta de la Trafic.
Un torbellino disuelto
cuyas partículas
quedan adheridas
a los días.
Hasta cuándo.

Así en el foro como en la vida

[UserName]:
Has sido baneado por: Conflictivo.
Momento en que será levantada tu sanción: Nunca.

Diarios viejos

Uno de los días de cortes de luz, seguramente uno en que el calor no era incapacitante, ordené y separé unos diarios viejos para que mi encarnación cartonera los venda. Había algunos bastante viejos, por ejemplo un Clarín de 2009, en el que entrevistaban a Andrés Calamaro.
La nota comienza recordando al Calamaro de hacía 20 años, el que tocaba en plaza Serrano para despedir el año y tomaba títulos de los Doors para darles nombre a sus discos. Sobre aquel tiempo dice el novio de Micaela Breque: “Hace 20 años el país era otro, Palermo era otro. Argentina estaba desarmada en una escalera inflacionaria de caos, cortes de luz y devaluaciones. Tocábamos con los Hermanos Arizona mientras la gente se agarraba a trompadas…”.
Y de pronto, sin TV ni internet, no sé si el diario habla de 2009, de 1989 o de ayer…

Despedidas (II) * De nuevo

Ya dije tanto (y tan vano) en todos los mails anteriores, en todo este tiempo, que no da decir mucho más.
No me hace bien esto. No está bien esto. Y evidentemente va a seguir pasando. Está pasando. (Pasó de nuevo, el 21).
Entonces, de nuevo, me bajo acá.
No tengo ganas de escribir mails (menos invasivos que el teléfono, por cierto), es decir, tratar de comunicarme, y que sea al reverendo pedo. No tengo ganas de que rechaces al niño de 5 años que fui o a un adulto que quiere compartir algo que le gusta, y que lo pone contento: que quiere mostrarse contento (“No me pesa exponer mi alegría/emoción/regocijo, y menos ante quien me aprecia, ante quien siento afín, ante quien quiero. Es de lo mejor que puedo dar”, dijo Olga hace cuatro años).
No tengo ganas de que digas que te gustaría ir a un recital conmigo y no vayas a ninguno de los diez recitales que hubo este verano (más los cuatro de este mes). No tengo ganas de que respondas rápidamente sólo cuando tu paranoia te agita o cuando otro se muere.
No tengo ganas de que me niegues lo que le permitís a la señora militante delante de mí: un gesto de afecto.
No tengo ganas de señalar lo Importante que sos, que fuiste –y que nunca pude decir de modo que no le encontraras un pero–, ni lo que te voy a extrañar. Lo que te extraño. Ni cuánto lamento que esa importancia o que mi aprecio y estima, si se llama así, no sirvan. Igual, eso no te lo puedo reclamar. En cambio, tanto silencio, tantos intentos –tantos “te invito” – sin respuesta son una chotada. Curioso, vos que me decías egoísta, que decías que en tu entorno (del cual siempre estuve afuera) también había egoístas, procedes así.
También es al pedo preguntarte por qué, aún hoy, no puede haber una foto nuestra. O por qué no compartís una idea, un texto, una música. Por qué no se puede discutir una idea. Porque no habrá respuestas. Nada nuevo, salvo el mismo encierro, reforzado.
Sólo agregar, anticipando a Olga, que me cago en la militancia, como en toda otra forma de religión. Ese día póstumo, en un lugar lejano, lleno de paranoicos, sentados en un tronco tan fino como incómodo (lugar apropiado para la tensión que se (te) notaba: ni un cordón de la vereda ni una vereda con la espalda en la pared: ese tronco), destacabas a la gente que hace. Me cago en el hacer. Mi viejo hizo. Hizo un lugar y lo sostuvo 50 años. Hizo una Obra. ¿Y? Me cago en hacer y más me cago en los que creen que hacer significa algo. En los que se creen gran cosa por hacer. Por “luchar”. Síndrome de Karadagián…
Y que no quiero odiarte. (Y, fuck, ojalá no sea tarde). No quiero ver en cada rechazo tuyo la versión 2013 (2012, 2011…) de otros rechazos. Tanto silencio dice evidentemente lo insignificante que soy para vos. Como decían lo contrario los mails de 10000 caracteres o las veces que tus ganas de hablar conmigo te llevaban a un locutorio o a cruzarte la ciudad para verme.
En fin, no tengo ganas de esta distancia hiriente, del diario garzo nicotínico de tu silencio. Yo suelo hablar de P., que de ocho mails me contestó uno, y me resultó obvio que no daba escribirle más. ¿Qué queda para esto? ¿Te parece razonable? ¿Te parece considerado? Queda decírtelo explícitamente porque me importás más que ella, porque me conociste a través mío y no por mis viejos, y porque a veces estuvimos cerca, si no percibí mal (porque me viste, como me descubrí diciéndole a la médica aquella vez).
Cuando es tan obvio que los demás no quieren darte un lugar, hay que irse para no molestar y también por autorrespeto.
Esta vez, a diferencia del otro mail, no tengo los ojos mojados. Tengo un vacío horrible en el alma, en la sangre. En el futuro, que llegó, y me va a llevar puesto. Como siempre.
(Mentira, ahora sí tengo los ojos mojados y la sensación de que se va una parte de mí. #PendejaDelOrto).
Lo demás te lo escribí mil veces, no sólo en ese mail que supuestamente se te borró.
Chau, X.