miércoles, 19 de agosto de 2009

Jugando a Montoneros

Cuando era chico me regalaron dos ómnibus de juguete, bastante grandes, como de 40 centímetros de largo. Eran de chapa, con las ventanillas y los asientos de plástico, y las ruedas eran de goma, con los bandalines pintados de blanco. Tenían los colores de Chevallier y el modelo era de esos doble camello propios de los 70.
Cuando se agotó la atracción de la novedad (eran más bonitos como objeto que entretenidos como juguete, y no era mucho lo que se me ocurría hacer con ellos), decidí jugar a Montoneros: les escribí la ve y la pe con marcador en los costados y les prendí fuego. Pero no agarró demasiado, no quedaban como esos colectivos que uno veía en las fotos de las revistas de la época, todos quemados, con un color marrón óxido.
Escribiendo esto entiendo por qué: en mi inocencia/desconocimiento, sólo usaba fósforos; ni alcohol ni nafta u otro elemento inflamable...

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