lunes, 19 de septiembre de 2011

10.09.11

Desde que me enteré, de casualidad, el jueves a la noche, estuve tratando de dilucidar esa disyuntiva. ¿Voy o no voy? Más allá de las cuestiones personales (no tener con quién ir, recordar que a veces me siento mal y que eso me complicó las dos últimas veces que fui), de los cien mangos que costaba la entrada, del lugar lejano y de difícil acceso; más allá de eso, digo, repiqueteaba la duda. ¿Vale la pena que se reúna Don Cornelio? ¿No será una pantomima, no serán una banda tributo de sí mismos, de los que fueron hace mucho tiempo?
Si este blog tuviese etiquetas, una de ellas, sin duda, sería “Don Cornelio”. Y en uno los posts que la llevarían, a raíz de unas declaraciones de Palo cuando sacó su último disco, en las que deslizaba la posibilidad de la reunión, yo escribí que prefería que no volviera Don Cornelio.
Las cosas son cuando son, en su tiempo y en su contexto, y los trasplantes intertemporales suelen fallar. Conste que no hablo solo de música, de esas reuniones para hacerle un masaje prostático a la nostalgia. Y ellos, como leí por ahí, estuvieron en el lugar y tiempo exacto, y, man, hicieron lo que hicieron siendo pendejos de 23 años.
Creo que me decidí y que cualquier duda quedó impotente cuando una parte de mi cerebro me dijo: “Ey, es tu banda favorita”. Y es cierto: si tengo que elegir una banda de acá, digo Don Cornelio. Siempre. El segundo disco, sobre todo. Otra parte de mi cerebro le contestó: “Justamente. A eso apuntan, a un público cautivo de sus emociones. En general, las bandas de rock no se reúnen por otra cosa”. Pero esa respuesta no calificó, y no hizo falta que la primera de las partes mencionadas jugara otro as recordándome que nunca los había visto en vivo.
El viernes, con la ayuda de haberme levantado bien, emprendí un larguísimo viaje para sacar mi entrada. Fila cuatro, junto al pasillo, un lugar ideal para tranquilizar a mi lado fóbico… Pero quedaba un temor muy pesado, tal vez incomprensible para quien no duerme en mi cama y no tiene que despertarse todas las veces que quieren mis vecinos (o no tiene que hacer todas las cosas que hago yo para que esas veces sean pocas veces): si iba a descansar bien. Necesitaba sentirme bien. Porque, si no, iba a ser un sufrimiento.
No se cuántas veces me despertaron… Recuerdo especialmente una, cuando el vecino sorete que los sábados a la mañana pone la pone música muy fuerte (un tipo grande, que debe tener cincuenta años y parece que no tuvo adolescencia) repitió su jodita y el volumen altísimo me despertó aunque yo tenía bien puestos mis tapones para los oídos.
Cada vez que me despertaba, miraba el reloj, calculaba cuánto había dormido, me echaba un meo, comprobaba que los tapones siguieran ajustados y trataba de dormir un poco más, una hora más. Y por suerte lo logré cada vez, sin perder mucho tiempo, sin que se me active esa parte de la cabeza que me impide volver a dormir aunque el cansancio no se haya diluido.
Tampoco sé cuántas horas dormí en total. Creo que no fueron todas las que hubiera querido. Pero me sentí bien. El descanso se consumó. ¡Bien! A la hora prevista repetí los tres medios de transporte y las ocho o nueve cuadras a patas, y llegué con tiempo de sobra.
Palo, veinte canciones, algunas con la eléctrica… Fiesta.
Los agitadores vocacionales que suele haber en los shows de Palo no faltaron e hicieron lo suyo. Los de peinados colemanescos se habrán fumado el set acústico con hidalguía. El chabón con pinta de rugbier de la butaca de al lado pretendía mostrarse impasible, pero de reojo lo vi cantar varios temas y lo vi secarse las lágrimas en “Te quiero llevar” (sí, gordo, lloraste, hacete cargo), yo hubiera preferido que el tipo que estaba sentado adelante no fuera tan alto…
Pero hoy estamos acá por otra cosa. Todo bien, pero vinimos por otra cosa… Intervalo, telón que se cierra, luces encendidas, gente que va al baño o a comprar algo. Y en un momento me venció la ansiedad, pintó la taquicardia y el dale, loco, salgan de una vez. Y salieron.
A veces me gustaría saber música para poder opinar con más fundamento. Para tener argumentos que me permitan reconocer si un show estuvo bueno o si yo la pasé bien por cuestiones mías más que por la música y los músicos. Para quitarme el temor que tengo a veces, de que una banda me guste por ser el soundtrack de cierta época de mi vida, o porque escuchar mil veces sus canciones hizo que me terminaran gustando aún más que al principio. O porque termino hinchando mucho las pelotas con esa banda, y las personas que me rodean terminan casi identificándome con ella (como en la radio donde laburé, hace mucho, en la que cada vez que podía poner un tema ponía uno de Don Cornelio), y, finalmente, quizá termine actuando en orden a esa identificación.
Pero al mismo tiempo sospecho que pongo en el saber música la posibilidad de respuestas que seguramente ese saber no pueda dar o que, de darlas, racionalizarían la experiencia a un nivel de laboratorio.
Aun conociendo ese lenguaje, creo que tampoco habría podido desentrañar las especulaciones previas ni las posteriores: si fue un anticipo de una reunión más formal, si influyó en el precio de la entrada, si tocaron con seriedad o con cara de culo (salvo Varela, claro, que estaba chocho y no lo disimulaba), si eso desmorona la posibilidad de una vuelta más formal (que no quiero, pero a la que seguramente iría de cabeza).
Así que sólo me queda la impresión. Lo que me pasó. Y para mí valió la pena estar ahí. Mucho. Desde ese momento de ansiedad, o desde que decidí ir, y, sobre todo, desde que me puse la campera que había dejado en un costado de la butaca porque supe que, pese a la voluntad de la gente del teatro, apenas empezaran a tocar íbamos a terminar (casi) todos cerca del escenario. Valió la pena cuando eso efectivamente ocurrió, y en especial cuando pude escabullirme bajo los brazos en alto de todas las estatuas con celular que filmaban y llegué al lado del escenario. Porque yo soy muy visual. Miope, pero visual. Por eso, los dos temas y medio que vi junto al escenario dejan una marca mucho mayor que los otros dos temas y medio.
Palo tiene muchas voces. Bueno, Palo tiene un don, y cuando marca el ritmo golpeando la viola en “A través de los sueños”, por ejemplo, se retuerce de un modo estremecedor. Pero sin guitarras que lo reclamen, no sólo sin la acústica con la que parece protegerse, también sin la eléctrica, se libera su posibilidad gestual y corporal, que es tan amplia como la vocal. Y me deja pensando en el frontman que podría ser.
Por eso, el video que elegí de “Ella vendrá” es uno donde le hacen muchos primeros planos. Por eso, haber visto a Palo eléctricoelectrizadoelectrizante cantando a dos metros de mí, bajo una luz blanquísima, arqueando el cuerpo con el micrófono entre las manos, es una imagen más nítida e indeleble que todas las fotos y los videos que encontré. Lo mismo que haber visto a Ghazarossian, aunque estaba en la otra punta del escenario (de un escenario pequeño, que ofrecía un toque de sótano muy particular), un asesino con un bajo como arma.
En un momento me di cuenta de que estaba cantando esas canciones que tantas veces había cantado en mi pieza. Y me impresionó mucho. Y recién ahora, escribiendo esto, reparo en que nunca tuve la sensación de distancia que me asalta a veces en situaciones así, que me hace mirar como desde otro lugar, y preguntarme, aunque sea un instante, qué carajo estoy haciendo o para qué lo estoy haciendo.
Más allá o acá de objetividades imposibles, eso me resulta un indicio poderoso de que valió la pena. Valió la pena el viaje (los viajes), terminar de comer en el tren, la ansiedad previa. Valió mucho cuando me acosté y tenía ese típico sonido agudo post-recital en los oídos. Vale acordarme de que la pasé bien. Y vale, sobre todo, haber sentido que estaba bueno mientras sucedía.
Podés verlo, podés tener una aproximación.
http://www.youtube.com/watch?v=o-vkwcRPRKI
http://www.youtube.com/watch?v=T9IW7fRgI_o
http://www.youtube.com/watch?v=IfxhGZrJl5o
http://www.youtube.com/watch?v=v9EqZQPjnlo
Pero acabo de escuchar el disco en vivo. No sé cómo tenía ese disco ahí y no lo escuchaba. Está bien que mi tecnología está desactualizada y rota, pero aun así… Llevaba tantos años sin escucharlo que hasta me había olvidado de cómo se marcan las huellas dactilares en las tapas de los cds cuando son negras.
¿¡Cómo no me acordaba de lo que era ese disco?! Bajalo y decime si no eran los Doors argentinos, y no exagero nada al decirlo, y el único cuestionamiento a esa afirmación pasa por que los pone como términos de una comparación. Y no eran los Doors ni ninguna banda, salvo Don Cornelio.
Y, de nuevo, pese a todo esto, no sé si quiero que se junten. No para coquetear con canciones de una densidad y una demanda importantes. Porque si algo impresiona es esa sensación de que no surfeaban por lo que cantaban y tocaban, que se sumergían hondamente. Y no sé si una inmersión así de profunda es compatible con un tipo que dice la palabra “luz” en diez canciones… Por eso, creo que no fue casualidad que cumplieran a rajatabla con los cinco temas previstos y no hubiera bises de Don Cornelio, y que con el público prendido fuego saliera Palo con la acústica y cantara “Oficio de cantor”.
No se trata solo de unas canciones, que se tocan y ya. Me parece que es un contexto, son los tipos, es una actitud; que eso le da un plus que lo saca de la reproducción mecánica y carente de alma; que sin eso es una cita, o una impostura, algo que suena como si hicieras playback, aunque estés tocando en vivo.
Tampoco me pongo fundamentalista spinetteano para querer que nunca más toquen “Muchacha…”. Por eso fui y la pasé bien, y todo eso, pero sigo sin estar convencido de querer que se junten. Lo que sí quiero, seguro, es otro disco en vivo. Tiene que haber más grabaciones como esa, ¡tienen que editarlas!

5 comentarios:

ahora uso lentes dijo...

venia justo a ponerte esos videos!!

mira como estare estos dias que ni me entere, una verdadera lástima

Anónimo dijo...

no si posta, empecé a usar lentes

y tengo ese mismo Cd, lo compre en Musimundo y me vino una caja de cereales de regalo


los madurgaaaaa!!

vendía a ser la misma persona dijo...

el anonimo soy yo o sea el que usa lentes

0. dijo...

En Caras más Caras...!

Mirá, yo no sé con quién estoy hablando, pero apenas me enteré dejé un comment con la novedad en un blog donde sabía que la iban a valorar.

Por cierto, escuchar ese disco me sugirió un nombre para cuando tenga una banda de rock: LA MIERDA.

yo de nuevo. dijo...

No le dije nada de los lentes porque con mis 7 dioptrías es lo más natural.

Es cuestión de acostumbrarse, de que pase el tiempo en que uno se da cuenta de la cantidad de gente que usa anteojos (cuándo una mina queda embarazada, ¿también encontrará embarazadas por todos lados?). Y de elegir unos anteojos lindos. Tienen su levante.