viernes, 17 de marzo de 2017

Yo no tengo la culpa si naciste mujer

–Yo no tengo la culpa si naciste mujer. ¿Naciste mujer? Tenés que fregar los pisos. Yo nací hombre, tengo que salir a buscar la plata –dice él, levantando su voz de alcohol y sustancias.
–Bueno, andá a buscarla –responde ella, con su bebé de (pocos) meses en brazos.
–¿Te falta?
–¡Qué machista! –tercia otra, tal vez la misma rubia teñida que un rato antes, cuando pasé a la ida, amamantaba a su bebé sentada en el umbral de ese edificio de dos pisos, conformando una escena de las que me hacen pensar "mirá si me mudo y me tocan vecinos así".
–Machista no. Es así… ¿Te falta? –insiste él, justificando que no salga a buscarla, mientras sus voces van quedando atrás y solo alguna palabra sobresale, pero ya no alcanza a conformar un sentido.
De lo que yo no tengo la culpa es de que seas una forra negra cabeza rolinga noséqué, o una calentona irrefrenable, o ambas cosas, que se abrió las gambas para ese trogoldita que, botella de cerveza en mano, camina en cueros y en patas por la vereda, donde estacionó su auto, mientras todos están a su alrededor como si fuera un tótem de cuatro ruedas, y circulan birra y faso frente a bebés de meses sobre el fondo del anochecer que cae tras esa avenida de barrio de un confín de la ciudad.
No tengo la culpa de que te hayas dejado seducir por ese espécimen y le hayas dicho que sí, ni de que hayas cogido sin forro y te hayas dejado acabar adentro. No tengo la culpa de que ni siquiera se te haya ocurrido abortar.
Con gente como vos ninguna empatía me surge, ni me va a surgir cuando te deje y no te pase alimentos, o cuando te cuernee o cuando te maltrate de modo más contundente.