miércoles, 18 de agosto de 2010

El Alplax me pega con delay

Se me venía atrasando el sueño. (Siempre se me atrasa). Y si me dormía muy tarde, me iba a levantar muy tarde, con el tiempo justo para comer antes de ir a un recital; quizá sin margen para descansar lo suficiente, lo cual se presentaba especialmente difícil porque este fin de semana venían los hijos del vecino de arriba a pasarlo con su padre.
No me dormía, y decidí tomarme un Alplax Net. Tenía en la memoria que era de 0,50, pero cuando agarré el blíster vi que decía 0,25, y lo tomé entero en lugar de partirlo de un mordisco, como tenía pensado. Más sencillo que ponerme a hacer orfebrería sobre el Rivotril de 2 mg que tengo, tratando de cortarlo en ocho.
En la última despertada no resolví rápidamente si me levantaba a hacer pis o no. Fatal indecisión. Hay que ser expeditivo, automático, en esos casos. Si no, se enciende la cabeza, y cuesta más volver a dormir. O se hace imposible. Me despierto --> meo. Me despierto muchas veces y hace frío --> me llevo una botella a mi pieza y meo en la botella.
Habré dormido siete horas. Poquísimo para mí.
Finalmente, la falta de compañía y la masa de aire polar me hicieron desistir del recital. (Y justo el chabón tocó “Gris atardecer”. Y cerró con “El rosario en el muro”… ¡Larreconnn!). No hice más que boludear con la computadora esa noche, o jugar al sudoku, y me acosté por las seis y media. Me habré dormido a las ocho. Como de costumbre, me desperté incontables veces. Nunca paró de llover. Eso estuvo bueno, le dio una uniformidad al día que impidió la angustia de ver cómo pasa el sol mientras uno se lo pierde tratando de descansar.
Se hizo de noche nuevamente. Se hizo tarde. La última despertada fue a eso de las diez y media. Podría haber seguido durmiendo: la sensación de cansancio lo pedía, pero mi cabeza no concedió más sueño. Me llamó la atención porque ninguna de las despertadas fue especialmente duradera como para justificar dormir tanto.
A las seis o siete de la mañana tenía sueñito otra vez. Hice unas empanadas, esperé a que se enfriaran, las comí, me acosté y me dormí. Bastante rápido para mis estándares. Serían las ocho. Me desperté nueve y cuarto, hice pis, pegué media vuelta, y, muy rápido para mis estándares, me dormí de nuevo, hasta las doce menos cinco. Y podría haber seguido: seguía teniendo sueño.
Me levanté, porque tenía que ir a tres lugares, y en el viaje en bondi hasta el último de ellos, tipo cinco de la tarde, palmaba. No paraba de bostezar. Después me encendí un poco, es cierto: no me dormí en la larga espera que tuvo que comerse mi encarnación delivery, y hasta volví a casa caminando pese al frío. Tuve que esforzarme para bajar lo que había subido no solo por la caminata, sino por encontrar “Estaré” en la tele, y me dormí como a las diez.
Me pasó algo parecido un par de días después. Tomé el Alplax antes de dormirme casi al amanecer para ayudarme un poco, para no perder tiempo dando esas vueltas que encienden más la cabeza, para tratar de darle cohesión a mi sueño. Y ese día, a la tarde, cuando me levanté, creo que anduve bien. El tema, once again, fue el día siguiente: dormí todo el miércoles, doce, quince horas en la cama; muchas despertadas, sí, ya es costumbre, pero ninguna tan larga como para justificar semejante manera de dormir.
Me levanté, hice alguna que otra cosa, y antes de las doce horas palmaba otra vez. Pero palmaba mal… Y la camuca de arriba no me dejó dormir por tres horas con el repiqueteo de sus tacos y el tendal de ruido que deja a su alrededor. Al final, no recuerdo cuándo logré dormirme. Dormir mal, de a pedazos, y levantarse con el descanso incompleto dejó de llamar la atención, y los días y los desvelos se confunden.
Pero la relación “Alplax-cansancio demoledor un día después” fue nuevamente inconfundible. Entonces me rescaté de que dos veces no era casualidad, de que algo pasa con esa pastilla. Y la dejé de lado para siempre. Y de vuelta se me hizo notorio el desparpajo con que nos clavamos las drogas que hay en el cajón, que alguien nos recetó quién sabe cuándo vaya a saberse por qué. Uno se las manda con una liviandad con la que ya no se mandaría otras, pues trata de mantener anclado el estado de conciencia en ese punto que arduamente supimos conseguir, y quizá le esté dando al cuerpo un veneno peor.

2 comentarios:

Sabrina dijo...

Hola Olga! estaba buscando en internet info sobre el alplax y justo la encontré en tu blog (soy Sabrina, hace unos años comentabas algunos post de un blog que tuve) empecé a tomar alplax hace poco todos los días (ya van unos 20 días) al ppio. me sentí bien. Me quitó de plano las ganas que tenía de llorar todo el tiempo (aunque no me pasara nada- suena increíble pero es así- llorar por nada). Estaba buscando info en internet porque después de tantos días de tomarla siento que me está palmando la mente (bastante) + mi instinto que me dice que la largue ya y que si tengo ganas de llorar lo haga pero que no la tome más. Las miro de reojo mientras te dejo este comentario, debería tirarlas pero no me animo.
Sdos.
S.

0. dijo...

Uh, sí... Me acuerdo de vos. (De tus tetas, jaja), de vacaciones infantiles en Necochea, de algún leve trastorno cardíaco, de algún intento de viaje astral o algo similar.

Yendo al tema, hace muchos años que tengo problemas para dormir. En una época, intenté repetidamente con la ayuda química, pero nunca encontré algo que me pegara bien.

Sí, ya sé, lxs escucho como si estuvieran acá al lado a todos lxs que me dicen que hay que seguir intentando, tratando de encontrar una dosis apropiada, etc. Pero en el camino de ese intento sentía que esas cosas, Rivo, Alplax, Emotival, incluso Zolpidem, me pegaban MAL. Me transformaban en alguien que no era yo de un modo enorme, inmanejable.
Porque, okey, el mal descanso, mis vecinos forros y ruidosos, mi necesidad de dormir mucho (mis pesadillas, mis sudores nocturnos, ja), también me transforman en alguien cansado y reventado, pero no de ese modo tan ajeno que ocurría con las drogas.

Todo esto para decir que las dejé. Ni necesité tirarlas. Recaí, con esperanzas dos o tres veces. Y después su propio fracaso hizo que las dejara.

Respecto de lo tuyo, como te digo, yo las tomaba para dormir, no para no llorar.
Entre un desequilibrio químico y otro, yo me quedaría con llorar. Aunque si es TODO el tiempo, supongo que debe ser complicado, molesto, frustrante...

Que andes bien...