viernes, 23 de mayo de 2008

¿Qué pretende usted de mí?

Que seas la que necesito que seas.

Frente al espejo

Me miro poco al espejo.
Esta vez me llaman la atención mis párpados, derrumbados sobre los ojos, achicándolos. Y la piel, reseca. Y la palidez de mi cara.
Ya no las canas, que siguen avanzando, ineluctables.

(Me inquieta, eso sí, saber si las cositas blancas que tengo hace meses en los mechones de adelante son piojos o es caspa).

Don Cornelio y La Zona * Una historia

Era un día de semana de mediados del 88, y probablemente fuese feriado. Lo seguro es que esa tarde Racing y Cruzeiro jugaban en Avellaneda la primera final de la Supercopa. En el programa de Ari Paluch, en Rock&Pop, Don Cornelio presentaba su segundo disco, “Patria o muerte”, y en mi habitación era la banda de sonido de los piques de Wálter Fernández y de los pases de Rubén Paz.
La banda había sacado 3 “cortes” de su primer disco, a mitad de camino entre el pop y el dark, entre ellos “El rosario en el muro”, que incluye una cita morrisoniana. Los tenía de la radio, y estaban bien, pero hasta ahí. Sin embargo, esto era diferente: liberados del yugo productor de Calamaro (que para esa época también había producido a ¡Los Enanitos Verdes!), se lanzaban a la autoproducción.
Cuando los discos –entonces y ahora– apenas juntan una docena de canciones con mucho relleno, ellos sacaban las intros para meter más temas. El sonido crudo y la mejor voz de Palo se amalgamaban en una bruta bola de distorsión, acople y desgarro. Incandescentes, se retorcían y morían –al menos comercialmente– matando, electrocutándose/nos, incitando a un pogo individual (solipsista) contra las paredes o contra los bosques negros del piso.
Creo que ni un tema de difusión tuvo ese disco. Aquella primera vez, el que más me impactó fue “Sangre amarilla”, que en cierta forma hacía recordar a “Fuck You”. Meses después los volví a escuchar, una noche en que Horacio el Sensei –y Karín– pasaron “Realmente” en su programa de FM Avellaneda. Luego el país se desplomó, el vinilo pasó a ser vintage, y Don Cornelio se separó sin que pudiera verlos en vivo.
Me los perdí cuando telonearon a Iggy Pop –y me perdí ese épico primer show de Iggy en Buenos Aires–. Una noche tocaban en el viejo Parakultural (¿o en Satisfaction?); la cosa es que llovió y no fui. Y otra vez, en un boliche de la calle Valentín Gómez que duró poco: planeé la salida y no me acuerdo qué pasó que tampoco fui. A los días me enteré de que hubo una alta razzia.
Después, Palo buscó la salud universal, y el primer disco de Los Visitantes fue una decepción. (Recuerdo una tarde que fui a Belgrano a comprarme discos. Volviendo en el 41 iba palpitando títulos como “Relámpago de cuchillos”… Y al final solo zafan “A veces sabés” y el hardcore de las estaciones del subte).
El resto es la historia.
Y una pequeña leyenda.

PD: Años más tarde, en una disquería de Once, encontré el vinilo, nuevo, y tuve que volver a casa a buscar plata para comprarlo, luego de insistirle 50 veces al disquero para que no lo vendiera en ese par de horas que iba a tardar. Aún lo conservo.

“¿Qué es Dios para vos?”

Pregunta de un trabajo práctico de una materia de la carrera de Periodismo de la UCA.

Pa, ¿me comprás algo?

La mujer decide entrar al kiosco para cargar la cámara, y, en la vereda, el niño, que tendrá 4 ó 5 años, le reclama a su padre: “Pa, ¿me comprás algo?”.
No importa qué. Algo. No tiene hambre, o sed; ni un capricho. No quiere una cosa particular porque la vio en la tele, o porque la tiene un compañerito del jardín, o porque lo deslumbró un envoltorio colorido. Ni porque su deseo fue manipulado por el triunfo de un experto en marketing infantil. Algo.
Ese indefinido exhibe que su deseo, por el contrario, no es indefinido: apunta a la transacción, al consumo. No importa qué bienes se consuman, ni cómo será su disfrute, comestible e instantáneo, o compulsivo y fugaz, hasta que el rápido hartazgo los arrumbe o los rompa.
Algo. Lo que cimenta esa relación es el consumo, y el niño quiere algo que la ratifique. Algo.
Cuando crezca, tal vez estudie Económicas. Probablemente sea comerciante. Y, si no le cambia la cabeza de forma radical, será una mierda de padre.

El corrector de Word

Idioma: Español (Argentina).
Sin embargo, me marca como error las formas verbales correspondientes al paradigma del voseo.
“Si llamás”. “Pero no colgués el teléfono”. “Pegale un tiro en la nuca”. “Vivilo intensamente”. “Tenelo por seguro”… Todos los verbos subrayados en rojo.
Y cuando quiero escribir “solemne” y escribo “solmene” ¡no me marca error! Resulta que “solmenar” es un verbo que se usa ¡¡¡¡¡en Asturias!!!!!
La concha de la lora del Word y de los pelotudos de Microsoft. Muchachos, si quieren mejorar esa poronga, please, llámenme: tengo un par de ideas, y necesito laburo. Y si no les interesa porque tienen el mercado cautivo, métanse cada maldita raya roja en el ojete (incluso la que está bajo la palabra “ojete”), y, después, con ellas, límpienle las gafas al Sr. Puertas…

Cornelio (VIII)

Hace tanto tiempo que quiero llegar
a tocarme la cabeza sin sentirme mal.
Me veo en la jaula, miedo animal
de seguir acá, en la calle.

Está cerca la salida,
están rotos los bolsillos,
estoy dentro de ese brillo que me llevará…

Voy a repartir entre las manos de marfil
piezas de arcilla que pulí.
Vamos, espirales,
reventemos como un cono,
como piezas de arcilla que pulí.

Hace tanto frío para respirar…
Si me suelto la cabeza,
romperé a brillar.
Creo que mi amiga
tiene cielo en los ojos,
y si vuelo hacia adentro,
llegaré hasta el mar.

Voy a repartir entre las manos de marfil
piezas de arcilla que pulí.
Vamos, espirales,
reventemos como un cono,
como piezas de arcilla que pulí.

Está cerca la salida,
están rotos los bolsillos,
estoy dentro de ese brillo que me llevará…

Creo que mi amiga
tiene cielo en los ojos,
y si vuelo hacia adentro,
llegaré hasta el mar.

Eh, eh…

Vamos, espirales,
reventemos como un cono,
como piezas de arcilla que pulí.

(Espirales)

Martín Vassallo Argüello

Me rompe soberanamente las pelotas la ignorancia de los periodistas deportivos, con el gordo Boludeo a la cabeza, que pronuncian mal el apellido de este tenista y dicen “Vasayo Argüeyo”.
Flaco, ¿no ven que tiene doble ese, que es un apellido italiano? ¿Tan burros son? ¿Tanto sobran su “laburo”, con el pelotudo de Gendler como paradigma?

(Si fueran coherentes, deberían hablar de Marcelo “Tineyi”…)

No me moleste, mosquito (II)

Yo te avisé, te dije que los mosquitos vienen reloaded.
Noche, 12 grados, y mientras miro tele un zumbido me alerta. Un mosquito, que no usa pulóver, resiste el frío; pero no resiste mi aplauso. Uno menos.
Madrugada, 8 grados, tapado con doble frazada hasta el cogote, otro vuelo de reconocimiento. Hasta siento vibrar el aire que mueven sus alas junto a mi cara. Esta vez los manotazos en la oscuridad no surten efecto, y tengo que levantarme y poner el Fuyí Vape, envenenándome yo también durante todo mi –entrecortado– sueño para bajarle el volumen mientras el frío impone que tenga la ventana cerrada.

Tintorería Manchester

Hace mucho, ya no recuerdo dónde (el jpg mental muestra una avenida, seguramente suburbana, de doble mano, casas bajas, el sol pegando en la vereda de enfrente), encontré esta tintorería, cuyo nombre está en las antípodas de los que suelen tener los negocios del ramo.
Tintorería Manchester.
Seguro que el dueño era hincha de Estudiantes.

Hemograma

Caigo en el centro médico del Dr. Nick Riviera para sacarme sangre. (Oh, ¡la carencia de prepago!). Es un caserón en Almagro, frío y despojado, o desmantelado, apenas acondicionado para su nueva función.
Un largo pasillo nos lleva, junto a un sobre de papel madera con un número y la jeringa en su interior, a la improvisada antesala donde aguardaremos el turno del vampiro. El frasquito con el meo va en su caja, que va en su bolsita.
Me anteceden unos obreros que están haciéndose estudios médicos para su empleo. Hablan en voz alta y tapan a Canosa, que está en la radio. Un chabón, que no pertenece a ese grupo, viene tambaleándose por el pasillo y le erra a la puerta, cayendo más allá, hipoglucémico. Se levanta antes de que reaccionemos y, sin pronunciar palabra, vuelve a errarle a la puerta, cayendo ahora del otro lado. Su look contrasta con el de los obreros –y con el mío–: tiene zapatos tipo leñador, usa camisa y es medio rubión, de pelo corto.
Los ruidos y los comentarios alertan a la extractora de sangre, que sale de su recinto y dice que se acueste en uno de los bancos sin respaldo de la antesala. Esa es la única asistencia que recibe. No habla ni le hablan, salvo por una pregunta de los obreros, encabezada por el vocativo de rigor, “eh, amigo, ¿estás bien?”. Desde su lugar, la señora pregunta, altísona, cómo se llama. “Yair”, responde. Así permanece un rato, hasta que parece sentirse recuperado, se levanta y, aún palidísimo, se va.
Los obreros, a su vez, entran a sacarse sangre y vuelven a la sala; van al baño a mear en su frasquito y vuelven a volver a la sala, esperando el momento del electro, que se hace en la misma habitación de la extracción de sangre, al fondo, separado por una cortina de esas que se usan en los burdeles para dividir las habitaciones. Uno de ellos se quita la torunda y como buen negro cabeza la pega en la parte inferior del asiento.
Llega mi turno, y un tipo cincuentón que está frente al vano de la puerta que lleva al lugar de las extracciones, con traje azul, corbata, mocasines, aspecto abatido y apariencia de clase media venida a menos, se manda cuando la enfermera pide que pase el siguiente. Le digo que me toca a mí, mientras me paro y me encamino, esquivando las piernas de los obreros, que están sentados en los dos bancos enfrentados. “Fijate el número”, le indico. Se hace el boludo o lo es: “¿Qué número?”. Le señalo que está en el sobre, y dice que no lo vio, desestimando su intento de colarse. Lo mismo hace la extractora de sangre, para la cual es lo mismo uno u otro, según admite. En cambio, para mí, que me levanté temprano y estoy en ayunas, no es lo mismo.
La mina, tan gorda y tan petisa que es más fácil saltarla que rodearla, comienza el procedimiento y parece no encontrar la vena en mi brazo izquierdo: le propongo que pruebe con el otro brazo, y me pregunta si tengo miedo. “No, es que me pareció que no encontraba la vena”, respondo sorprendido. Sigue con su rutina, finalmente me pincha, y siento las burbujas que hace la sangre al entrar en el tubo. Cuando quita la aguja, me dice que apriete, y yo, medio turulato, con la noción del tiempo alterada, aprieto el puño –como dicen que hay que hacer para que la sangre salga más fácilmente– cuando lo que debía apretar era la torunda contra la sangría de mi codo. Hace un comentario, quizá motivado por mi confusión, o por mi semblante, y le digo, como si fuese necesario, y parece que es necesario, que no me siento mal, que no me voy a desmayar. Ella insiste con el tema y atribuye a la “falta de comida” la situación de un rato antes, dice que lo ve a menudo.
Cuando salgo, los negros estos, que tal vez hayan escuchado la conversación, quieren más sufrimiento ajeno, lo anhelan y lo invocan diciendo “ahora se cae”. “No, para nada”, digo en voz alta, mientras atravieso el estrecho espacio que dejan sus llantas. Y vuelven a hacer un comentario deseoso de mi desvanecimiento. No sólo no les doy el gusto: ni siquiera lo temo. La puta que los parió, negros de mierda. Vuelvan a su esclavitud.
Ah, el chiste me salió 100 mangos.

googlear / youtubear

Al reciente verbo googlear ya se suma otro, youtubear.
Y cuando Google, o quien sea, desarrolle un buscador de imágenes que no labure a partir de tags, del texto de la página en que está, etc., sino que lo haga basándose en la morfología de las imágenes, reconociendo colores, formas, objetos u otros elementos, entonces surgirá otro verbo.

¿Escribe?

–¿Escribe?
–¿Eh?
–¿Escribe?
–¿Cómo?
–Si sabe escribir…
–Ah, sí. Sí.
Las dos primeras veces no entendí lo que me preguntaba, como si parte del mensaje que uno decodifica fuese predecodificada, independientemente de aquel, o como si la decodificación solo fuese completada por el mensaje.
Algo parecido a cuando a lo lejos viene un bondi, y, aunque no se distinga claramente el número, uno sabe cuál es, reconstruyendo en el cerebro esos píxeles que faltan en la imagen.
El que me hizo la pregunta terminó de llenar las fichas, por triplicado, y procedió a entintarme las yemas de los dedos.

Garca de mierda, no sé cómo seguís laburando. Pero seguro seguís estafando a los pobres: ese es tu estilo. Sos menos que una rata de albañal.

El teorema de Germán Rodríguez

Si vamos de visitante en auto, mejor no llevar la camiseta.
Si vamos en auto con la camiseta y nos desafían desde un micro, no bajamos.
Si vamos en auto con la camiseta y nos desafían desde un auto, vemos cuántos son para decidir si bajamos o no.

Cornelio (VII)

Siento tu cuerpo,
siento tus manos,
tengo tu boca
en mí.

Oigo tus besos,
siento mi cuerpo en vos.

Rayos, truenos y centellas,
a mí…
Ey, ey, ey, ay, ah…
Ciervos, soles y doncellas,
a mí…

La primera línea que cruzó mi pecho,
el primer sonido destruyó mi cable…

Amor,
escucha un sonido…
Ah, ah, ah, ah…
Ah, ah, amor…

Quiero que me abras,
que abras mi cabina,
¡quiero que me mires a mí…!

Oigo tus besos,
siento mi cuerpo en vos.

Rayos, truenos y centellas,
a mí…
Ey, ey, ey, ay, ah…
Ciervos, soles y doncellas,
vengan a mí…

La primera línea que cruzó mi pecho,
el primer sonido de mi corazón…

Escucha, amor…
Escucha, amor…
Escucha un sonido…
Ah, ah, ah, ah…
Ah, amor…

Escucha un sonido…
Ah, ah, ah, ah…
Ah, ah, ah, amor…

(La primera línea)

The á

El único motivo de este post, y la razón de su título, es ver cómo mierda hace Mr. Blogger para nombrar esta página.

Humo (II)

Una de las soleadas tardes del humo caminaba por 24 e Inclán, o Salcedo. Las partículas amortiguaban los rayos del sol, y el olor, aunque tenue, picaba en la nariz.
Me hizo acordar a cuando iba a San Martín, ese olor a humo de fondo en la respiración (el humo de las fábricas, o de algún pastizal junto a la vía quemándose) y las líneas del sol refractadas por el confeti carbonizado, suspendido, que vela levemente el celeste del cielo; las casas bajas, las calles apenas transitadas, un taller por ahí…
Parecía la parte de atrás del Liceo, en Villa Furst.

Chau, genio

Ya sabíamos de la baratura de la divinidad, terrenalizada (¿aterrizada?) por todos los chupaculos de Maradona y por quienes lucran con él, y canonizada por canal 13 y el grupo Clarín.
Ahora me vengo a enterar, justo cuando se murió, que este tal Jorge Guinzburg era un genio. Lo leí en el diario, una página entera de aviso institucional. Lo repetían todo el tiempo en la tele, con una gravedad impropia del exabrupto admirativo.
Así que es un genio uno de los apologistas de Wanda Nara, partícipe, aunque sea irónico, del marketing de su virginidad y usufructuario de sus réditos en cuanto empleador de la chica; uno de los guachos pistola del programa mufa, que ridiculizaban a sus entrevistados para probar cuán vivos eran (tanto que están casi todos muertos); uno que lucró ampliamente con la sexualidad, mentándola de todas las formas vulgares posibles, que la banalizó y la frivolizó y la mediatizó pro domo súa, que incursionó en la escatología y en la ramplonería, pero, eso sí, con el background de un publicitario coolto.
Meto un punto y aparte para que el párrafo no se haga tan largo, y sigo: un manipulador que, a cambio de exposición mediática, chantajeaba a sus entrevistados con intromisiones totales en su intimidad, dejándolos en ridículo si no participaban de su juego (me refiero a cuando les preguntaba si para limpiarse el culo agarraban el papel con la mano izquierda o con la derecha, o algo así); un miserable que, repitiendo y repitiendo una mentira, le cagó la carrera a María Amuchástegui; un miserable, otra vez, que usaba la palabra “autista” para burlarse de De la Rúa en 2001; un negador que no se hizo cargo públicamente de su enfermedad como sí publicitó, en cambio, otros acontecimientos de su vida.
Eso es un genio en la Argentina de 2008.

Leonor Silvestri lee este blog

Publicado en el blog de Leonor Silvestri en el mes de abril:
La poesia: un cuchillo para clavar, un martillo para romper la "realidad".

Publicado en este sitio el 29 de enero.
Escribo como con un cuchillo y un martillo.

viernes, 9 de mayo de 2008

¿Beatriz Sarlo lee este blog?

Publicado en la revista Viva el 27 de abril.
A veces veo a una chica que avanza, por el carril de los colectivos, como una audaz o una suicida, arrastrando esos artefactos cúbicos construidos con arpillera sintética y seis caños. La chica lleva una pollera hasta debajo de las rodillas y una remera arriba de la cintura; tiene el cuerpo de una gimnasta y va descalza, elegante, con la espalda arqueada hacia atrás por el esfuerzo. Trabaja como bestia de carga, lo que se llama “tracción a sangre”.

Publicado en este sitio el 15 de abril.
Pegado a la vereda izquierda de la avenida, un chabón de pelo corto, que difícilmente tenga más de 20 años, reducido a la condición de bestia de carga, tira de su carro a eso de la 7 de la tarde: las dos manos empujan el travesaño a la altura de su pecho.
Lo acompaña una mujer, morocha, o sucia, o ambas cosas. Está embarazada, tal vez de 6 meses, y su panza escapa bajo el pulóver marrón que se engama perfectamente con su pelo, su piel y la bolsa del carro.
Los para el semáforo de Boedo, como al 97.

Le escribí, preguntándole, pero no me contestó.
De todos modos, supongo que entrega sus notas con bastante antelación, por lo que seguramente es solo casualidad.
O tal vez también a ella le gusten los Stones…

Humo

El olor a humo me hizo recordar la casa de mi viejo. No sé si en el departamento, en los pasillos, en la escalera, pero hay un olor similar, como si allí hubiese habido un incendio cuyo hollín no terminó de disiparse, o como si hubiesen prendido fuego durante la construcción para apurar el secado y evaporar la humedad.
En la imagen olfativa recorro el pasillo levemente iluminado por la luz vespertina que se filtra a través de las persianas bajas. No hay nadie, y pienso que más o menos pronto, no sé cuándo, voy a estar en el mismo lugar, ya huérfano, desarmando todo.

Liliana López Foresi

Ejemplo de dignidad.


Y el grupo Clarín, ejemplo de censura, revanchismo y miserabilidad.
Y los demás grupos periodísticos, ejemplo de conducta corporativa.


Último momento:
Ahora, la JK la reivindica para atacar a Clarín, pero ellos también la censurarían si criticara al gobierno....

Soundtracks (No tengo MP3)

Sultans of swing, en un 112, una noche, a la altura de Warnes/Parque Centenario, cuando apenas comenzaba el día de mi cumple.
Wasted sunsets, de Deep Purple, por avenida Mitre, en un 98 desde cuya ventanilla izquierda se veía al sol caer de los edificios y reaparecer, sonrosando el cielo, sobre las casas, o las calles, o el riacho mefítico.
Angie, en Flores (perdón por la obviedad), por Alberdi y Lautaro, o Membrillar, una noche.
Coltrane Blues, en la estación San Andrés, esperando el tren. Sí, de noche.
Sunshine of your love, por ¡Pachuco Cádaver!, volviendo una tarde ya noche de la cancha, por Yrigoyen y Rivadavia.
Way down in the hole (y los tres o cuatro temas siguientes del disco Frank’s Wild Years), de Tom Waits, una tarde de noviembre, pesada y gris, antes de que se largue el previsible aguacero consecuente, por Pompeya, Roca y Sáenz.
Nothing compares 2 U, obvio que la versión de Sinead O’Connor, una noche, volviendo en el 172.
Nueva Roma, recién salido ese disco, en 25 de Mayo, una tarde gris, antes de llegar a Perdriel. (Antes de que construyeran la estación de servicio).

Jardin des Mères et Grand-mères de la Place de Mai

En París se acaba de inaugurar el jardín este, que será más o menos lo que acá se llama plazoleta. En la ceremonia creo que estuvo el alcalde de esa ciudad, estuvo la Presidente, estuvieron madres, abuelas, hijos, nietos y demás exiliados, y allí se repitió la cantinela que ya conocemos.
Me llama la atención, sin embargo, que sean los franceses quienes recuerden a las madres y a las abuelas cuando fueron ellos los que les enseñaron a los militares argentinos a torturar y desaparecer a los hijos y nietos de aquellas.
En realidad, no me llama la atención una goma, y es mera y fácil retórica. Ellos juzgan con un doble estándar: juzgan en ausencia a los militares argentinos como Astiz y exculpan a sus torturadores, a los de Argelia, a los de Indochina, a los que les enseñaron a los argentinos.
Hace unos años –diez, más o menos– causaron cierto revuelo las memorias del general francés Paul Aussaresses, un octogenario veterano de la guerra de Argelia. Este militar tuerto reconoció que entonces la tortura fue generalizada: “La tortura es eficiente. La mayoría de las personas ceden y hablan. Después, la mayor parte de las veces, los matamos. No me arrepiento de nada. Seguí órdenes, y el ministro de Justicia de entonces, François Mitterand, estaba informado”.
Aussaresses admitió haber asesinado a 24 argelinos. Con todo, el militar no corrió el riesgo de ser juzgado: en 1968, Francia, que pide la extradición de Astiz, dictó una amnistía para todos los crímenes cometidos por sus tropas en Argelia.
Aquel ministro avalador de la tortura llegó a presidente de la república y fue un comprometido defensor de los derechos humanos (tanto como otro socialista, Felipe González, quien, a su vez, fue el ideólogo de los GAL). Y su esposa, Danielle Mitterand, vino varias veces a la Argentina a chuparles el pañuelo a las madres y las abuelas.
Y todos nosotros asistimos emocionados a las lecciones de derechos humanos que nos dan estos europeos, y nos enorgullecemos cuando honran a las dueñas de la plaza.

Esclavitud agradecida

1° de mayo, 9 de la mañana, el perro de la vecina me despierta con sus ladridos desquiciados, como todos los conchudos días, porque suena el timbre. Pese a las ventanas cerradas por el frío lo oigo, y oigo también el vozarrón de la sirvienta de la vecina, que entra gritando como un conductor de programas de televisión “bien arriba”.
Trabaja el 1° de mayo, y, como los días no feriados, estará más de 9 horas sobre mi cabeza, golpeando muebles, hablando a los gritos y siendo mansa compañía de su explotadora.
El que tiene plata hace lo que quiere: por ejemplo, tener a la doméstica en negro, o hacerla trabajar un feriado (pagándole más, tal vez), o tenerla como esclava de compañía, o, como es tan generosa, llevársela de vacaciones a MDQ durante diez días.
Y la camuca la obedece con perruna sumisión porque la señora le permite que la llame por el nombre, y tiene estudios, y la deja comer con ella, y le tiene tanta confianza que hasta le dio las llaves de la casa.

No integro la vida de nadie

O “no hay nadie a quien pedirle que me saque una foto”.
O, para decirlo en términos de ropa: nadie se pone la camiseta y se saca la bombacha.

Musas de paja

Hace unos años, digamos una década, las minas lindas que aparecían en la tele y en las revistas eran modelos: Natalia Graziano, Andrea Bursten, Dolores Trull, Dolores Moreno, Lorena Ceriscioli, Catalina Rautenberg, Roxana Zarecki, Natalia Rackiewicz, Guillermina Valdés, Daniela Urzi, Bárbara Durand, Vicky Fariña, Dolores Barreiro, Lorena Giaquinto, Jackie Keen, Loli López, Marina Marré, Sole Solaro, una ya adolescente Nicole Neumann y unas incipientes Pampita, Denise Dumas, Susana Sadej (¿dónde quedó ese ojete?) o Lara Bernasconi.
(Agrego, a pedido, a Moira Gough, a Analía Maiorana, a Ana Paula Dutil y, ¡cómo pude olvidarla!, a Deborah de Corral).
Pasaron los años, y ahora los medios presentan como epítomes de belleza a gatos inflados a siliconas, morochas teñidas y petisas rescatadas de algún burdel, con el orto dilatado de tanto ser penetradas por el muñón de Sofo-beach: Fernanda Vives, Eliana Guercio, Claudia Fernández, Natacha Jaitt, Evangelina Anderson, Mónica Farro, Belén Francese, Adabel Guerrero o Wanda Nara, y, claro, la omnipresente Nazarena Vélez.
Me pregunto si ese cambio se debió a una modificación del gusto masculino, a un nuevo liderazgo en el manejo de la prostitución de muy alto rango (o a la aceptación social de toda la prostitución, ¿internet mediante?), a la muerte de algunos relacionistas, a la entente Rial-Sofobitch, reemplazada por la alianza Tinelli-Sófovich, o a que es más tobara poner en bolas a putitas como Mariana Diarco o Vanesa Carbone, que, además, llevan el quilombo en la sangre.

Inflación

¿Te acordás de cuando las fotocopias costaban 10 centavos?
¿Te acordás de cuando la hora de cíber salía un mango?


¿Y te acordás de cuando la cerveza en el kiosco costaba un peso?

La denuncia al 102

Cuando comenté con algunos amigos la situación de violencia familiar de la que era involuntaria testigo, una de ellos me comentó la existencia del 102, un número de teléfono gratuito que funciona en Capital durante las 24 horas para realizar denuncias anónimas sobre “casos de niños en riesgo frente a situaciones de violencia, abuso y abandono”.
Llamé un sábado, le conté resumidamente la situación a la chica que me atendió, tan amable como comprensiva, y, cuando yo esperaba que me ofreciera alguna solución, me dijo que ellos ¡¡no tomaban denuncias!!, sino que únicamente derivaban a los lugares que las reciben. Así, me preguntó en qué zona ocurría el hecho y me dijo que debía dirigirme a la Defensoría zonal de niñas, niños y adolescentes correspondiente a mi barrio, cuya dirección me dio.
Por último, me sugirió que en el caso de que las cosas pasaran de castaño a oscuro, llamara a la policía, ya que la mujer seguramente aflojaría con los gritos o los golpes cuando la ley le tocara el timbre y se identificara.
El lunes siguiente llamé a la defensoría en el pequeño horario de atención que tienen, y me atendió una mina con bastante poca onda; tras contarle un resumen de los hechos, me dijo que debía ir personalmente, que la denuncia era “confidencial” (es decir, no “anónima”), que necesitaban más datos y que llamara antes de ir, porque podía haber “jornadas” de no sé qué y, por consiguiente, no haber atención al público. Unos días después me hice un espacio para concurrir a la defensoría. Me atendió un chabón más consustanciado con la cosa, o más sensible; le conté qué era lo que me llevaba a hacer la denuncia, y el tipo fue anotando. Luego cayó la mina esta, la doctora no-sé-cuánto (abogada). Más o menos repetí la historia, me preguntó si esto ocurría en un inquilinato o vivienda similar: “No, en un departamento de clase media”, y después de unas pocas boludeces más, dijo que mi queja estaba vinculada con los gritos, y que por esos ruidos molestos ellos no podían hacer nada.
Le contesté, superando mi estupor, que si la mina insultaba y denigraba a la criatura en voz baja, o le pegaba sin que se oyera, el problema continuaba. Digamos, la defensoría está para defender, y evidentemente esa niña necesita que la defiendan…
Me preguntó si había testigos: “Sí, todos los vecinos que no sean sordos”, y seguramente no muy convencida volvió a recalcar que probablemente no pudieran hacer mucho.
Me dieron la citación (para la semana siguiente) y me pidieron que yo misma la dejara en el buzón del edificio (se ve que el GCBA está ahorrando, o que Yabrán y sus herederos no vieron este negocio...): eso hice, esperanzada en poder cambiar para bien un poco de la parte del mundo que más cerca tengo.
Mi amiga me contó que escuchó a su vecina quejarse en voz alta al notificarse y que esa noche hubo un silencio inaudito. Luego de una semana, todo volvió a la violenta normalidad; a los vecinos nadie los consultó, y la mina esta sigue gritándole y pegándole a la pequeña Victoria, que no tiene quién la defienda, mientras padece y llora, sometida a maltratos crecientes e indelebles.

Recuerdos de la fuckultad (III)

Primer o segundo práctico de Economía. El profesor Giner, medio maraca, chamuya y chamuya, y habla de todas las cosas maravillosas que vamos a hacer. En un momento, a cuento ya no sé de qué, habla del observatorio de Arecibo, en Puerto Rico, y parece que se siente obligado a aclararles a alumnos universitarios de segundo año de la UBA que “Puerto Rico es una isla del Caribe”.
Yo, como siempre que podía, me había sentado en los pupitres individuales, ubicados perpendicularmente al pizarrón y a los que quedan frente a este, para evitar esos horribles e incomodísimos engendros comprados en alguna licitación trucha, diseñados por un antiergónomo que no previó una cosa tan elemental como “algo” donde apoyar el cuaderno.
La cosa es que hacia el final de la clase el tipo nos dice que formemos los grupos para el trabajo que habrá que hacer… (Lo que siempre detesté más en ese lugar fueron los trabajos grupales, porque no soporto a la gente).
Corte que a mi derecha estaba sentada la mina esta, Sabrina Abrán; a su derecha, casi junto al pizarrón, otro chabón. Atrás, lo supe después, había unos pupitres vacíos y a mi izquierda, alguno más, también desocupado, y, a dos o tres metros, los primeros pupitres colectivos con los alumnos sentados de frente a la clase.
Fue entonces cuando esta hija de mil putas me dio la espalda, girando su enorme trasero en la silla, y se puso a hablar con el chabón, dejándome totalmente pintada y colgada del pincel. Esperé a que me diera bola, y no. Empecé a angustiarme (iba a escribir “desesperarme”): miré hacia atrás, y no había nadie; al costado, y tampoco.
Asombrada y confundida por semejante desprecio, traté de hacer contacto visual con el docente, pero ya se había desentendido y no levantaba la vista de sus papeles (¿no le habrá llamado la atención, luego, al corregir, un trabajo presentado por un “grupo” de solo dos alumnos?). Busqué más allá, en los pupitres colectivos, y ni una mirada se encontró con la mía, quizá porque descontaban que yo integraba el grupo con estas dos personas; pero no: la soreta no me había habilitado, y me quedé arafue.
Anuló, con un solo gesto, grosero e impune, cualquier reacción de mi parte durante esos segundos en que yo miraba su espalda esperando que se diera vuelta, que tuviera el mínimo decoro de un alumno hacia otro. De una persona hacia otra. Durante esos incontables segundos y luego, cuando estuvo claro que no se iba a dar vuelta y lo único que pude hacer fue tirar miradas que nunca llegaron a destino mientras me consumía en la nada misma.
Fue eficacísima a la hora de imponer una distancia insalvable y humillante, exhibiendo una carencia salvaje de frenos inhibitorios, que, sin embargo, a todos los demás les pasó completamente inadvertida. Y le salió muy barato salirse con la suya y alcanzar su objetivo, que tal vez haya sido quedarse a solas con el otro chabón.
En ese acto dejé la materia. Luego recursé, y me dibujaron la nota para mandarme a final, aunque estoy segura de que la había promocionado. ¡La mierda que era esa cátedra! El titular era el capanga de la AFJP del Nación y usaba los poquísimos teóricos donde aportaba para hacer una apología del sistema privado de jubilaciones y publicitar las ventajas que tenía su AFJP sobre la competencia. Y los niños, como Lena Fazz*lari, encantados con las promesas de prosperidad que nos hacían los noventa, levantaban la mano y pedían data de cómo hacer cuando el tipo hablaba de que podían realizarse “aportes voluntarios” para engrosar la jubilación.
Los profesores (un canoso peinado a lo Einstein, el pelado Delgobbo –empleado de Roggio– y otro dolape, cuyo nombre no recuerdo y que, como la mayoría de los profesores de Economía que encontré en ese lugar, no pasaría una prueba de análisis sintáctico de tercer grado) eran de los que no te muestran el parcial, y, así, no sabías si al menos lo habían leído. Y como creían que su partecita era una cátedra por sí misma, anarquizaban la temática de una mierda tan abstrusa y pajera como la economía, y entonces había dos escritos para los teóricos, y en los prácticos, “lo que disponga cada profesor”, que podían ser otros dos parciales –en general sin relación con los temas de los teóricos– más el trabajo práctico grupal.
A la conchuda esta la crucé después un par de veces. Recuerdo una en la escalera: ella iba bajando, con una pollera corta que exponía sus gruesos muslos. La reconocí de inmediato y tuve que esforzarme mucho para lograr reprimir mi deseo de empujarla escalones abajo.
Sabrina Abrán, gorda culona, mala onda y la reputísima madre que te parió, pasaron muchos años y todavía centellean el odio y la ira cuando recuerdo esta anécdota: sos la síntesis (una más…) de la soberbia y la invisibilidad a la que fui sometida en la UBA. ¿Quién mierda te creíste que sos para ningunearme así, soreta mal cagada? A ver dónde mierda estás ahora, pelotuda…

Paradojas de Encarnación Blogger

El blog como base de la Internet 2.0, como diario, bitácora, registro de una selección más o menos azarosa de impulsos cerebrales, sustituto de la –inaccesible– publicación impresa, creador de comunidades, fanzine digital o lo que poronga queramos que sea, opera sobre una necesidad básica del internauta, que se explica con un verso de Palo Pandolfo: “Quiero que me mires a mí”.
Pero (tal vez más que ninguna otra en Internet) esa posibilidad de expresión nos lleva a un lugar de autoexposición inconmensurable. Más o menos conscientemente vamos dejando huellas en la red, y dándoles datos a los recopiladores –automáticos, profesionales, policiales, psicópatas– de info que subyacen/constituyen la web.
(Les decimos a los adolescentes que no den datos personales en el chat o en el fotolog para que no los seduzca un paidófilo o un secuestrador, y posteamos fotos nuestras, decimos a qué cine fuimos, dónde cogemos y con quién, dónde vivimos y qué nos gusta comer).
Así, uno puede expresarse, construir su bloguentidad o to send out the message in a bottle, el cual tendrá un recorrido no tan previsible como las corrientes marinas; pero para decir lo que queremos (vaya a saberse por qué) decir, tenemos que decir un montón de otras cosas.
Para mostrar lo que somos un poco más seguros, tenemos que mostrar, también, lo que no somos.

Thirty feet three by Dan Majerle (II)

From away downtown… Bang!


Hace 15 años Dan Majerle jugaba en Phoenix, ESPN pasaba básquet colegial y no vale todo o campeonatos de póker, como ahora, y yo creía que estaba construyendo algo. Iluso.
(La imagen, borrosa y nocturna, me ubica por Carlos Calvo y San José. La angustia es física y se derrumba sobre mí. Hoy anduve por ahí, pero nunca volví a pisar esa vereda. Hace mucho que no hablo con nadie).

jueves, 1 de mayo de 2008

El ruido es enfermedad

ENTONCES, CALLATE,
CALLÁ A TU PERRO, BAJÁ LA MÚSICA

Y ANDATE A LA REPUTA MADRE QUE TE PARIÓ DEL CULO

Exclusivo: cómo será el tren bala




ANTICIPO EXCLUSIVO



La presidente, Cristina Fernández de Kirchner, en la inauguración del tren bala, junto al secretario de Transporte, Ricardo Jaime, y al ministro de Planificación, Julio De Vido.








Fotografía exclusiva del viaje inaugural del tren bala

Contaminación cotidiana

Hasta hace un par de años, entrar en un cíber era exponerse a la muerte inmediata por un fulminante cáncer de pulmón debido a la nube tóxica que emanaban los internautas fumadores, que, por lo visto, son mayoría entre los ciberusuarios…
Desde que se prohibió fumar en lugares públicos, la experiencia en esos sitios, en cafés, restoranes, etc., cambió radicalmente. Para mejor. De modo análogo, ¿no sería maravilloso poder caminar por la ciudad sin estar pendiente de esquivar los innumerables soruyos perrunos, los perros sueltos, sin correa ni bozal, que “no hace nada”… hasta que le pinta el ataque y te hace un agujero en la gamba?
Y no estar obligado a oír los escapes deportivos como los que oigo en este mismo instante (acelera, lo agarra el semáforo: frena; vuelve a atronar, vuelve a desaparecer, vuelve a atronar, desaparece y cuando vuelve a acelerar compruebo que mi deseo de un accidente que lo deje tullido no se cumple). El estéreo bombástico, el botellero con parlante, el de la Traffic de promociones… con parlante; el perro de mierda que me despierta sobresaltado varias veces cada mañana con sus ladridos, y su dueña de mierda, que hace lo mismo con su vocinglería y la de sus ruidosas visitas.
Y el perro de al lado que le contesta, y un eco multiplicado, como de cacerolazo, pero con ladridos.
Y la fucking contaminación visual, desde el enceguecedor parpadeo de los tubos fluorescentes hasta los hipnóticos y premeditados juegos de luces; desde el diseño hasta los omnipresentes carteles; desde los banners hasta la nueva moda televisiva que tapa lo que estás viendo con el logo del canal, el logo del programa, la hora y la temperatura, las noticias que pasan por abajo y la publicidad de otro programa que explota en el ángulo inferior de la pantalla y te tapa el momento clave de la escena.
Podrán decir que soy un soñador… O un pelotudo.
Y tal vez sea el único.
Pero estoy seguro de que nuestra calidad de vida sería muchísimo mayor.
Y de que es una cuestión de voluntad política.

¿Estás seguro de tu identidad?

“Marcela Noble”, ¿estás segura de tu identidad?
“Felipe Noble”, ¿estás seguro de tu identidad?

Luna de cobre

Un color anómalo en el cielo,
un sol sin fuerza iluminando la noche.
El aire denso retiene
una moneda de 10 insertada en el cielo.
Le falta un día para ser un círculo perfecto.
Después desaparecerá,
lo mismo que 10 guitas de mi bolsillo.

La línea 127 es una poronga (chota)

La línea de colectivos 127, que une Boedo con Don Torcuato, está a cargo de la empresa DOTA desde hace ya una década: primero, cuando se hizo cargo de la prestataria anterior, Autolíneas Argentinas, mantuvo esta razón social dentro de la órbita de su empresa controlada Los Constituyentes. Luego unificó todas las líneas con las que monopoliza el corredor José León Suárez-Villa Ballester-San Martín-Chacarita con la razón social de Los Constituyentes.
Actualmente presta su servicio con alrededor de 48 coches, muchos de ellos en el límite de la legalidad en cuanto a su antigüedad: de hecho, varios ya circulaban con la antigua prestataria. Su estado en general es lamentable, tanto que muy a menudo se ve al auxilio reparando unidades que han quedado fuera de combate, o a muletos de la línea 78, tan viejos como los de la 127, cubriendo alguna baja. (Rezá para que no se quede a las ocho y media de la noche en Campos y Constituyentes). La línea 41, que tiene un recorrido más corto, poseía 68 coches y acaba de aumentar su flota hasta los 73. La 126 ha llegado a 79, sumando 14 coches en una década; la 118, con un recorrido que no cruza la General Paz, está llegando a los 60; la 115, cuya operadora, TARSA, atraviesa graves problemas económicos, mantiene una sesentena de coches.
Con ese exiguo número de unidades, la 127, a comienzos de 2002, tomó el piso de la desaparecida línea 691, que iba de Constituyentes y General Paz hasta Villa Hidalgo por estación San Andrés: surgió así el ramal “Estación San Andrés”, que duró hasta 2007, cuando fue dado de baja sin avisar.
Además de sus negocios en el autotransporte urbano de pasajeros, DOTA es la importadora de los chasis brasileños Agrale, y ha incorporado estas pequeñas unidades en muchas de sus líneas. En algunas, como la 7 y la 23, cumplen su función más o menos aceptablemente, habida cuenta la modesta longitud de sus recorridos. En otras, como en la 101, son inapropiados, y siempre vienen llenos. En la 127 incorporó unos pocos coches chicos reemplazando ómnibus más grandes, como los OA 101 y el solitario OA 105 que tenían. Es decir, mantiene el número de unidades en circulación, pero reduce la cantidad de pasajeros que estas pueden transportar. Entonces, si a uno le toca la desgracia de tener que viajar en un coche pequeño, en la cuarta parada ya no encontrará asientos disponibles y deberá viajar de pie, apretujado, como mínimo hasta Chacarita, y seguramente también hasta la provincia.
Se trata, junto con Plaza, de los “pulpos” del transporte urbano, que basan su accionar en la escala del negocio y en la autoprovisión de unidades: DOTA ha comprado la carrocera Todo Bus para equipar los chasis Agrale, y Plaza fabrica el conjunto chasis-carrocería con la marca Puma. Además, tienen participación en otra de las patas del negocio, el mercado asegurador.
DOTA opera, sola o en sociedad con otras empresas, casi 30 líneas nacionales (5, 6, 7, 20, 21, 23, 24, 28, 44, 50, 56, 76, 78, 86, 87, 91, 99, 101, 106, 107, 108, 111, 117, 127, 130, 135, 146, 161 y 188), y Plaza, más de 15 líneas nacionales de corta distancia (a las originales 61 y 62, sumó la 36, 104, 114, 124, 133, 140, 141, 143; la 129, ex Río de la Plata, cuya licitación ganó en un modo “jaime-kirchnerista”; la 93, la 174 y las líneas que tenía la antigua Transportes del Oeste, incluyendo entre ellas la 136, la 153 y la 163), además de líneas en otras ciudades (como Bahía Blanca y Santa Rosa), de cada vez más recorridos de larga distancia y de su participación en la operación de ferrocarriles en el área metropolitana.
El negocio de estas empresas no es vender boletos, no es que el pasajero las elija, y entonces lo maltratan, aprovechándose de su condición de jugadores aventajados en el sector, apañados por un Estado que favoreció su crecimiento y calla ante sus prácticas, no solo en los 90, sino ahora mismo, cuando las subsidia generosamente sin evaluar la calidad del servicio, porque, en realidad, no es eso lo que está en juego ni lo que interesa.
Estas dos empresas fueron las principales beneficiadas del proceso de concentración que se dio en este negocio durante los 90, comprando líneas que no podían cumplir los cada vez más exigentes requisitos que ponía la autoridad competente, inflexible a la hora de hacerlos cumplir… a veces; o siendo adjudicatarias de concesiones caducadas a otras empresas en situaciones que muchas veces carecieron de transparencia y seguramente también de legalidad (la emblemática es la caída de la empresa Fournier: antes de que se le caducara la concesión, un grupo de empresas entre las que estaba DOTA tenía más 200 coches 0 kilómetro, pintados y con el número puesto, esperando que saliera el decreto. Y cuando un fallo judicial autorizó a Fournier a seguir circulando, las fuerzas de seguridad impidieron que eso ocurriera. A propósito, ¡cómo se añoran los servicios de la Fournier!). Asimismo, son expertas en manejos irregulares para los cuales tienen coronita: ponen y sacan de circulación servicios, ramales y hasta líneas, usan doble numeración interna en algunas líneas, utilizan coches sin habilitación; negocian con el gremio, alentando huelgas para hacer decaer el servicio de una empresa y quedarse con ella (por ejemplo, en la vieja 161); usan patentes truchas…
Así las cosas, DOTA y Plaza monopolizan ciertos corredores, pero no compiten entre sí, salvo en el caso de las líneas 107/114 y 93/130. DOTA se quedó con todas las líneas que circulan por General Paz, con todas las que van de Chacarita a Ballester y a Suárez, con las que cruzan Puente La Noria llegando a Budge, mientras que Plaza va a La Noria desde Rivadavia, a la vez que las líneas de DOTA que circulan por esa avenida no llegan al puente.
Esta cartelización, o monopolización por zonas, les permite abusar de su público cautivo ante la mirada ciega de las autoridades competentes. No sé cuánto peor tiene que ser el servicio para que se les quite la concesión a la 127, la 78, la 104 o a la 4 y la 49 (operadas por otra empresa importante, Ideal San Justo, que se caracteriza por el nulo mantenimiento de sus unidades).
¡Cuánto mejor sería el funcionamiento de la 4 o la 97 operadas por Cárdenas, prestataria de la 126! ¡Cuánto más cómodo se viajaría si la 127 incorporara los colectivos realmente necesarios para brindar un buen servicio, o si mandara coches chicos hasta Chacarita o hasta Villa Urquiza, los cuales podrían ir por Quintino-Gascón para evitar el congestionamiento de Colombres-Salguero! ¡O si pusiera un servicio corto desde provincia hasta la estación Los Incas! (¡O si pusiera en la 78 la cantidad y calidad de coches que tenía Transportes Los Andes en su buena época! ¡Y si repusiera todos sus ramales!).
Pero DOTA hace su negocio con los brasucas, se ahorra guita en los chasis, y uno viaja como el orto. Y como encima tiene plata y poder, pone ambos elementos sobre la mesa, compra TABA (la prestataria de la 130) porque le sirve a su cuasi monopolio, y no importa que el servicio decaiga cuando llene también esa línea de Agrales.
El que tiene plata hace lo que quiere. ¿El pasajero? ¡Que se joda!

¿Qué habrá cambiado?

En menos de un año y medio –los dieciocho meses posteriores a su nacimiento–, la niña del departamento cercano dejó de recibir mimos, canciones, cariños y palabras como “princesa”, “preciosa” y “mi amor”.
Ahora, su abuela, con quien pasa la mayor parte del tiempo, y sus padres la consideran merecedora de amenazas, golpes y una retahíla de agresiones verbales, tales como:
Te voy a cagar a trompadas
¡Otra vez! La puta que te parió
Quedate quieta, quedate ahí. (Diez segundos después) ¡Correte, carajo!
Te pego en la mano
¿Querés que te pegue? ¿Querés que te pegue?
Te pegué, Victoria, te pegué
Estás insoportable
En la boca no, porque te pego
No hagas que te pegue
Las plantas no, porque te pego
¿Sos sorda? ¿Sos sorda, que no entendés?
Quedate quieta o te fajo
Lo que mejor sabe hacer es joder
No ve la tele, no juega con los chiches, lo único que hace es molestar
Asquerosa de mierda
Salí de ahí, carajo
Sacá la mano de ahí porque te acogoto
Te vas a caer
Tonta del orto
Basta, carajo
¿Sos sorda, carajo?
Te pego en serio
Te encierro en el baño
Te saco al pasillo
Te vas a caer y te voy a sacudir
Me saco la zapatilla y les voy a dar en el culo a los dos (a la criatura y al perro)
Todo tenés que tocar
Te voy a atar la mano
No me grités
No hablo más: te encierro en la pieza y te quedás ahí sola
Te dije que no te subas: ¿sos sorda?
Te voy a estrolar contra la pared
Sos dura, no entendés
Te voy a pegar / te voy a fajar / vas a cobrar
Sacá los pies de ahí porque viene el bicho y te come los dedos

Color obispo

Se puso de moda este color, y todos los relacionados con la gama de los violetas. Y todas las vidrieras de todos los negocios de ropa femenina están llenas de ropa color obispo, e incluso decoradas en esos tonos.
Y uno descubre que esa mina se compró ropa hace poco porque está con una prenda de color obispo.
Así, la unanimidad arruina algo que me gusta. Yo tengo una remera de ese color, y ahora no la uso. Por primera vez puedo ser, aunque sea de casualidad, parte de “la moda”, y no termino de entender su lógica: se supone que querés diferenciarte y terminás siendo igual a todos.

La Bomba Acevedo

César “La Bomba” Acevedo se convirtió en el nuevo campeón sudamericano de los pesados al noquear en el primer round a Gonzalo “El Patón” Basile en la pelea de fondo de la velada organizada en el Club Atlético Independiente, de Avellaneda.
Hasta ahí, la noticia de un nocaut espectacular en un gimnasio colmado por la barra del sindicato de camioneros, que apoyaba a su compañero Basile. Lo significativo sucedió en la entrevista post-pelea que Príncipi le hizo al nuevo campeón, quien se despachó con todo lo que tenía atragantado del mismo modo incontenible en que había apabullado a Basile. Empezó dedicándole el triunfo a su madre, que había fallecido poco tiempo atrás. De paso, mencionó que en su trabajo –hace tareas de limpieza– le habían dado 200 pesos para el entierro. “200 pesos para enterrar a mi vieja”, repitió, al borde del llanto, remarcando, como si hiciera falta, que no alcanzaban para nada, tratando de encontrar la forma de que el mundo ajeno al que le hablaba comprendiera su realidad.
Príncipi trató de llevar la conversación hacia el terreno deportivo, en lugar de ahondar en lo personal, buscando, quizá, eludir el tono lacrimoso. Pero de la pelea en sí había poco que decir: solo había durado un minuto y poco. Entonces, Acevedo mencionó que su mujer se endeudó para comprarle la creatina, que había días en los que no tenía qué comer y su único alimento era un batido de proteínas con agua. Recordó y nombró a una mujer (¿su ex?), y le agradeció, pero dijo que ahora estaba con otra y que la amaba.
Y dijo que había sido medido en su festejo porque Basile también era un gladiador, que iba a festejar más cuando no estuviera delante de su rival. (Igualito a Nalbandian cuando le ganó a Soderling…).
Eso, de lo que me acuerdo: era un bombardeo asombroso de vivencias desconocidas, narradas con la simpleza y la contundencia de su boxeo, encontradas en un lugar inesperado, donde no pasan esas cosas, en la tele, en las declaraciones de un deportista de élite, de un triunfador.

Nombres alternativos de este blog (II)

http://loescritoliberadoesta.wordpress.com
http://novieneacuento.blogspot.com
http://estonomearreglaami.wordpress.com
http://perososdederecha.wordpress.com
http://semevalavida.wordpress.com
http://notelovoyadecir.blogspot.com
http://almanarlanada.wordpress.com
http://gggrrrrrrrrrr.blogspot.com
http://notevaaimportar.wordpress.com
http://todoloquedigoesmasbienunamierda.blogspot.com
http://soloydenoche.blogspot.com
http://tengoproblemaslegales.wordpress.com
http://unpedoenlaweb.blogspot.com
http://laputaquetepario.blogspot.com
http://livinginthepast.wordpress.com

Observatorio de medios

Me entero de esta iniciativa de los académicos de la Fuck de Sociales, portavoceados por el decano reemplazante del policía Mallimacci (*), quienes se expresan preocupados por la discriminación que notaron en los relatos mediáticos del conflicto con “el campo”.
Veo tanto fascismo de izquierda, y veo tanta pelotudez, y veo tanto maniqueísmo, y veo tanto oportunismo, que no puedo sino asquearme. Y celebrar que, como siempre lo supuse, rápidamente me transformé en ex estudiante de esa fuckultad.

(*) “¡En la fuckultad, el poder de policía lo tengo yo!”, le decía Fortunato al service –y no de heladeras– Miguel Ángel Toma en un debate televisivo a raíz de los incidentes en la sede de Marcelo T. Aquella vez, años ha, el actual jefe de Policía, comisario Valleca, encabezó la represión contra un grupo de HIJOS (no sé si los Hijos con puntos o los sin puntos, con mayúsculas o con minúsculas) y otras personas que habían escrachado a Etchecolatz, quien vivía a pocas cuadras del lugar.
Los manifestantes, en su huida, se refugiaron en Sociales (no en Odontología :lol:) para evitar a la policía, que, como se sabe, no puede entrar en la fuckultad. Y la policía no entró: se limitó a tirar gases en la vereda para que el viento los metiera en el edificio, desde donde volaban toda clase de objetos, incluyendo cerámicas del piso, quitadas de su lugar en el momento y convertidas seguidamente en armas arrojadizas, mientras manifestantes, alumnos y docentes, expuestos a una tragedia similar a la de la puerta 12, se ahogaban y rompían ventanas para tratar de respirar.