sábado, 9 de agosto de 2008

Lo cagaron a Pigna

Uno de estos domingos (18 de mayo), en su columna dominical del clarinete, “Felipe Pigna. Historiador” recordó diversas revueltas populares de fines de los 60, entre ellas el Cordobazo, con el título “Obreros y estudiantes, codo a codo”.
En su versión, Pigna dice que “los trabajadores de las dos CGT cordobesas”, entre cuyos líderes “se destacaba el dirigente clasista René Salamanca”, convocaron a un paro activo con movilización que fue el puntapié inicial de la revuelta.
También habla de la “estrecha relación entre los estudiantes y los obreros de las grandes fábricas instaladas en el cordón industrial, ya que en aquellos años muchos trabajadores estudiaban en la Universidad de Córdoba”, y de que los estudiantes se sumaron de inmediato a la medida de fuerza.
Entre otras pignas, Felipe asegura que “el saldo fue de veinte manifestantes muertos y cientos de detenidos, entre ellos los líderes sindicales”.
Al domingo siguiente, el mismo diario publicó un artículo de una página firmado por Carlos Sacchetto, un periodista cordobés, donde lo hace de goma al nuevo Félix Moon, rebatiendo, sin mencionarlo (para no cagarle el negocio a Felipe, que también es el del diario), sus dichos.
Cito: “Sobre la base de hechos que tuvieron una gran repercusión política, se construyeron mitos, se crearon leyendas y se torcieron realidades, muchas veces para adecuarlas a la conveniencia ideológica de quien narrara la historia. La necesidad de forzar interpretaciones, la falta de investigación seria y en algunos casos la ausencia de honestidad intelectual fueron adornando con fantasías la verdad histórica”. ¡Piña de chanes!
Entre otros mentises, Sacchetto afirma que es falso que el Cordobazo se generara de manera espontánea con “la unidad en la lucha” de obreros, estudiantes y el resto del pueblo cordobés. Sostiene que los dirigentes planificaron detalladamente la marcha y cómo proceder ante la represión, y niega que Salamanca haya estado entre ellos. Es más: según su relato, SITRAC y SITRAM tenían conducciones propatronales que no habían adherido al paro.
En otro párrafo, asegura que no se trató de un enfrentamiento armado entre manifestantes y fuerzas represivas, ya que las columnas de obreros y los estudiantes que se sumaron no llevaban armas de fuego (solo bombas molotov), y que recién por la noche aparecieron algunos francotiradores.
Por último, los veinte muertos de Pigna son solo cuatro para Sacchetto, quien dice haber registrado él mismo, como cronista de Radio Universidad, los muertos, heridos, detenidos y daños. Y que los muertos fueron cuatro. Y que seguían siendo cuatro cuando, dos años después, con otro colega, preparó un especial conmemoratorio que lo llevó a consultar incluso la nómina de defunciones en el Registro Civil de Córdoba.
Tampoco pondría las manos en el fuego por este tipo, pero cuando los fabricantes de best sellers, onda Bucay, Piglia, etc., quedan en evidencia, cuando alguien dice que el rey de las ventas está desnudo, siento cierta alegría.

Macri cagón

Mucho hablar del espacio público, pero bien que arrugaste frente a los "padres de Cromañón", que siguen usurpando la calle Mitre.
Y lo seguirán haciendo si el juicio no tiene el único fallo que ellos aceptan.

Traidor

Lo veía al ex montonero Kunkel decirle “traidor hijo de puta” a Solá en la Honorable Cámara de Diputados de la Nación y no podía no recordar cómo terminaban los “traidores” en otra época, en la que quieren reimplantar estos ex muchachos.

Mentiras habituales de los sionistas (I)

“Israel construyó un vergel en un desierto”
Ante todo, no era un desierto: había gente. Había palestinos, musulmanes y cristianos, y había hebreos. Y tal vez hubiera otra gente, integrantes de otras minorías, que la historia habitual no registra. Es curioso que para la misma época en que Herlz acuñó su falaz frase “una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra” Julio Argentino Roca encabezara la conquista de un desierto… donde también había gente.
Y lo que Israel construyó y desarrolló lo hizo gracias al dinero que le regala EE. UU. Muchos miserables racistas suelen remarcar que “un paisito”, como llaman a la potencia ocupante, tenga tal desarrollo tecnológico, sugiriendo algún tipo de superioridad innata de los hebreos.
Omiten, maliciosamente, que la mayor producción tecnológica que tienen estos países se debe fundamentalmente a su posición sojuzgadora: el imperio y sus gendarmes expolian a las colonias, sostienen gobiernos corruptos que les son útiles y viven a sus costillas, manteniéndolas oprimidas e impidiendo su desarrollo. (Cuando Iraq quiso desarrollarse tecnológicamente, la entidad sionista lo bombardeó; cuando Irán quiere desarrollarse tecnológicamente, las amenazas de ataques son cotidianas).

Shotgun Blues

Every night I go to sleep,
The blues fall down like rain.
Every night I go to sleep,
The blues fall down like rain.
Taking pills, cheap whiskey,
Just to try to ease the pain.

Well, it's hard to gamble
When you lose every bet.
Hard to save money
When you're twenty years in debt.

The blues is falling,
Falling down on me like rain.
I'm gonna take a shotgun now, people,
And disconnect my brain…

I made some mistakes,
Had some bad breaks.
Now my mind don't work,
And my whole body aches.

The blues is falling,
Falling down on me like rain.
My life is like water:
Just swirling down the drain.

Well, I try to standing up,
I keep on falling down…
Try to standing up,
Keep on falling down…
Everywhere I go
The bluuuuues… is all around!

(D. & R. Walsh * ¡Los Blues Brothers!)

Newton y Galileo (descubriendo Bs. As.)

Mil veces había pasado por Las Heras y Pueyrredón con el colectivo. Yendo hacia plaza Italia, por una ventanilla del lado derecho, todas esas mil veces vi una amplia calle empedrada, en subida, abierta como una bisectriz hacia el norte. (La habré buscado en la Filcar, porque tenía en mi cabeza que se llamaba Gelly y Obes).
La cosa es que el otro día andaba cerca, con tiempo y energía, y fui a caminar esa calle, a ser un personaje visible desde cualquiera de los bondis que pasan por ahí. Ya había anochecido, y doblé a la izquierda, de Las Heras, por donde venía, hacia Gelly y Obes. Apenas comenzada la calle está el único negocio que encontré, una tienda de electrodomésticos, berretas, según me pareció. Avancé por la oscura vereda, casi intransitada. Los autos se estacionan a 45° a lo largo de toda la calle, y también en la esquina. Es difícil cruzar pasando entre ellos, tratando de intuirlos por la poca iluminación que no traspasa completamente el follaje de algunos árboles. Los edificios no son supernuevos, en general, ni superfastuosos, pero denotan un cierto nivel, tal vez pasado de moda, propio de otra época.
En la oscuridad, y por la traza irregular que lleva la calle a un incierto final, decidí abandonar mi periplo descubridor aun cuando sabía que Pueyrredón estaba “para allá”. En la confluencia de varias calles de destinos radiales, elijo una, que empieza junto a otra, dejando un ángulo breve de vereda donde se levanta un edificio pomposo. A la izquierda hay un palacete, tipo embajada; pero esa calle, Newton, es un callejón sin salida. Me doy cuenta al toque, pego medio vuelta y opto por la que está al lado. “Guido” indica el cartel. Dos bloques de cemento dispuestos en la calzada se divisan a lo lejos y me hacen temer que se trate de otra calle sin salida, aunque no acabo de confirmarlo. Un auto me supera, zigzaguea entre los bloques y estaciona junto a un edificio: el conductor habla algo con el portero, mete marcha atrás sonoramente, y lo pierdo de vista.
A la altura de ese edificio se ve una balaustrada, que parece conformar una terraza. No termino de descular qué hay delante de mí hasta que estoy casi encima de ella… Allí noto que ¡la calle termina en una escalera! Y continúa más abajo.
Desde la terraza se ve el movimiento de Pueyrredón a unos pocos metros, y a la vez tan lejano, tan ajeno. Esas manzanas me hacen acordar a la Reserva Ecológica, con la ciudad ahí, al alcance de algunos sentidos, pero con otros incapaces de percibirla. Bajo las escaleras, doblo a la derecha por la paralela de Pueyrredón, Agote, y me dirijo al punto de inicio.
Apenas antes de llegar a él, en otra calle de traza anómala, un Dodge Coronado estacionado ante el portón del garaje de un edificio parece salido de una película de Sofovich de los años 70; me acerco y le veo algunos detalles de pintura que la noche y la penumbra disimulan…
Ahora sí agarro Las Heras y vuelvo a la ciudad continente.

De cómo un comment se transformó en un post

Tus descripciones hacen parecer a Buenos Aires taaan Buenos Aires, que me parecen fotografías de cámara moderna.Abrazo de Post (esa es nueva)
Maxy

Pensar en nada

Nuevamente, mis vecinos han roto el ritmo de mi sueño. Mi cuerpo genera tanta adrenalina para vencer el cansancio producto del mal dormir que cuando hay calma no logra bajar, y sólo puede garpar la deuda del sueño con un pago mínimo en forma de siesta: duermo 3 ó 4 horas y me despierto en el medio de la noche, y, aunque hay silencio, no puedo dormir.
Doy vueltas para acá, doy vueltas para allá, gasto las sábanas y el colchón girando en vano. Fantaseo con mil formas de matarlos, se me ocurren veinte pelotudeces para escribir aquí, hasta que 3 ó 4 horas después, cerca de las 6, puedo dormirme, para recomenzar el círculo de las despertadas violentas y angustiosas un par de horas más tarde.
En el medio de la madrugada me apremia ver que el tiempo pasa, y la posibilidad del descanso se me escapa sin que pueda aprovecharla. Me obligo inútilmente a dormir, trato de pensar en nada, que no sé qué es, salvo una canción; trato de apagar los ruidos de mi cabeza y de concentrarme en los sonidos de la noche. El rumor de la ciudad es un fondo sobre el que resalta de vez en cuando un pelotudo con escape deportivo. Sopla el viento, y se mecen las plantas y la media sombra del vecino. Se oye una sirena; al rato, otra. Ahí para un bondi en el semáforo. Una sirena más, un rato después. Parece que hay muchas emergencias esta noche.
En vez de contar ovejas, cuento los movimientos del minutero del despertador: cada ocho segundos rompe la suspensión del tiempo, y avanza. Recuerdo el recorrido del 127, me imagino manejándolo: nunca llego a Urquiza, pero no porque me duerma, sino porque no puedo mantener la concentración. La cabeza se me escapa en otra dirección. Vuelvo a contar: 45 avances son seis minutos, antes de eso tengo que dormirme.
De pronto, el teléfono de la vecina suena.
¿Estaba durmiendo o estaba despierto? No, no puedo haber estado pensando en Cormillot; tiene que haber sido un sueño, tengo que haber dormido. Bien.

Periodistas

Cuando entrás en una redacción y es tu primera experiencia, todo el tiempo estás pagando derecho de piso: desde escribir las notas sin firma más pelotudas sobre la reproducción de las amebas termoplásticas hasta que todo el tiempo todos estén mirándote de reojo, como esos obsesivos que chequean a cada rato si cerraron el gas. Bueno, así, pero a ver cómo hacés las cosas. Incluso los que tienen buena onda y tratan de ayudarte te hacen sentir para el orto, agobiándote con la falta de naturalidad, como si estuviesen tendiendo la red porque están seguros de que te vas a caer.
La cosa es que cada cosa se magnifica, cada error se multiplica, y los no errores también son errores. Y 35 líneas con pirámide invertida, y el título no me gusta, no tiene punch; y tus oraciones son muy largas, con muchos enlaces; y el editor te corrige el estilo, pero a él nadie le corrige la ortografía. Etcétera.
La otra vez (lo googleé), en el clarinete, una tal Daniela Kozak, que firma sus notas y le ponen su dirección de mail, escribe sobre la falta de gasoil y su consecuencia, la disminución del número de colectivos que circulan en Buenos Aires y sus alrededores. Y la chica va a plaza Constitución (bah, eso dice) y cuenta que allí “se veían largas colas en las paradas de algunas líneas. Alrededor de las 18.30, mucha gente esperaba el 92, que une La Boca con San Justo”.
Es imposible que mucha gente esperara el 92 en Plaza; más aún: es imposible que alguien lo esperara allí ¡porque el 92 no pasa por Constitución! Ni por La Boca, ni por San Justo (¡ese es el colectivo 46!, que ni siquiera tiene el mismo color). Y encima pone estas palabras en boca de un usuario: “Generalmente, en hora pico el 92 llega cada 7 minutos, y ahora están pasando con suerte cada 15 –explicó Ceferino Gómez, un pasajero–. Por eso se acumuló tanta gente en la parada. Dicen que tardan más porque hay menos colectivos”.
No te digo que te sepas todas las líneas de colectivos; además, si laburás en Clarín, te pagarán lo suficiente como para viajar en taxi. Pero… ¡estás hablando de algo que no existe! ¡Y estás poniendo un “testimonio” de algo que no existe! ¿O sólo será una muestra del género “ficción periodística”?
Otra más: ahora la imbécil se llama Nora Sánchez. Escribe sobre el colectivero asesinado en La Matanza, y dice, y repite, que era chofer de la línea 196. El problema es que la 196 no existe. El tipo manejaba en la 96, y si la chica esta tampoco sabe cómo verificar el dato, bien podría haber visto la foto del bondi, donde dice “96”.
Ya sé que es un error boludo, pero excandece la falta de rigor, la liviandad, la incapacidad de investigar algo tan sencillo: si no pueden consultar la Guía T, o el sitio xcolectivo, o el fucking Google, man, qué queda para cuando hablan de cosas más grosas, o se mandan sesudas opiniones y análisis y la puta madre que los parió…
Si yo me equivoco en eso, cuando salte el error, me van a bardear y me van a verduguear, en joda y en serio. Y ya estás corriendo de atrás, ya tenés que remontar: y seriedad, información, chequeo, responsabilidad (rosquillas con jalea), datos, fuentes (mmmm… rosquillas). En cambio, si ya pisaste un par de escalones, estas cosas son meras anécdotas. Y si sos mujer, mucho más; y si estás más o menos buena, ¡ni te cuento!

¡¿Qué pasó ahora?!

Primer mensaje nuevo: mensaje de uno uno cuatro tres…