sábado, 29 de diciembre de 2007

2008

2008 años de cultura judeocristiana.
¡Nada que festejar!

La falsa objetividad del decibelímetro

Una canilla abierta hace más ruido que una canilla goteando (dice el aparatito).
Sin embargo, una canilla goteando molesta mucho más que una canilla abierta.
¿Por qué? ¿Eh?

Amigo

Se ha puesto de moda este vocativo para interpelar a desconocidos en lugares públicos y, en nombre de esa amistad espontánea y unilateral, pedirles algo, desde un cigarro hasta veinte centavos…
Amén de ser ficticia e interesada, la coactiva enunciación de tal amistad plantea una división entre amigos y enemigos en la cual, de quedar uno en el campo de los contrarios, se expone a vaya a saber qué acción de parte del interpelador, que a menudo no viene solo.
Vos no sos mi amigo, pelotudo. Como no puedo decírtelo en la cara, lo digo a través de internet (que para eso sirve).
¡Y no fumo, no tengo veinte centavos, estoy caminando, no me rompas las pelotas!

Un colibrí en mi jardín

Dormí para el orto por culpa de los vecinos. Me desperté para el orto (6 veces, o más) por culpa de los vecinos. Trato de escribir y sigo para el orto porque siguen acumulando méritos para terminar como el general Cardozo.
En eso, entre los cantos de los pájaros que vienen al jardín, reconozco el sonido de un colibrí. Él –o algún pariente- viene a veces, y hoy se alimenta de la rosa china.
Gracias.

Formulario (II)

Semiología de la conducta de la vida cotidiana:

Control de esfínteres:
Sí – No --- Dependiente – Semi Dependiente – Dependiente

Insomnio:
Sí – No

Actividad sexual:
Sí – No

Relaciones familiares:
Buena – Regular – Mala

Contención familiar:
Continente – Continente con apoyo – Incontinente – Desbordada

Alimentación:
Buena – Regular – Insuficiente - Mala

Reacciones antisociales:
Fugas – Robo – Incendio – Atentados morales

Suicidio:
Ideación – Amenaza – Intención – Planificación – Antecedentes – Contención familiar.

Intervención y/o antecedentes judiciales:

Derivación:

Firma y sello del ADMISOR


Tiarix ® Diocam ®
Paroxetina Clonazepam


(Sip, el formulario viene esponsorizado).

Anabel Cherubito

Anabel Cherubito apareció en los medios haciendo bolos en una novela de canal 9 en el 96 (en la misma novela también hacía bolos ¡Luciano Garbellano!). Creo que para esa época fue cuando salía con Derek Lopes.
En enero del 97 comenzó Atorrantes en canal 2, y ahí se hizo relativamente conocida como “la prima gallega” del Pato Galván. Entonces, era estar frente a una aparición: dos power gomas naturales, una cara bellísima y fresca, formas por todos lados en un cuerpo entrenado (altos tubos) y, encima, el ratonero tonito talanca.
(Me) despertaba más que deseo, aunque también deseo: era como estar frente al David de Miguel Ángel, pero carnal y merecedor del más lúbrico anhelo.
Una vez la vi en persona en la calle Florida. Yo iba a buscar (o llevar) un sobre y cuando pasé estaba con el productor y el cámara armando una nota en la calle; cuando volví a pasar ya estaban grabando. No daba mirar mucho, ni menos hablarle, así que la primera vez me contenté por pasar exactamente junto a su lado; y la segunda, con mirarla de lejos.
En Atorrantes duró cerca de un año. Después, sus apariciones en la tele fueron esporádicas (lo más recordado fue el absurdo de Margaritas); se volvió a España, se volvió a volver. Últimamente, recuperó algo de presencia mediática con su participación en Bailando…; pero ocupando siempre un lugar al margen de los tópicos escándalos.
Las últimas veces que apareció en la tele, incluyendo la del programa del ex menemista-ex delarruista-ahora kirchnerista Tinelli, estaba teñida de colorada, manteniendo el lomazo, muy maquillada y con un discurso que explicitaba su automarginación del quilombo, su búsqueda intelectual y solidaria, etc.
La frescura que tenía su belleza en aquel entonces era emocionante: la reencontré la otra vez, cuando pasaron tapes de Atorrantes en un programa de relleno de canal 2, y no me alcanzaban los ojos para abarcar semejante ensoñación corporizada.
Anabel Cherubito, je te salue.

Mis pequeños terremotos cotidianos

Quiero conseguir un medidor de terremotos y aplicarlo a la pared y al techo de mi departamento cuando el niño del piso superior retoza desbocado por cada ambiente. O cuando el niño del piso superior a ese juega al fútbol con su padre en el living de su departamento, o cuando salta y corre, solo o con su hermana, en una de sus varias peleas diarias. O cuando cada una de ellas termina con un portazo que estremece los vidrios de mi ventana.
Cuando me siento en el piso con la espalda apoyada en la pared y la siento vibrar, calculo un promedio de 4,3 grados en escala de Mercalli.

Recuerdos de la fuckultad (II)

Ahora te toca a vos, Walter Gadea, o “Garlea”, como te decían los únicos con los que más o menos nos dábamos bola: Pablo, el más lindo del curso, y Ramiro, el cipoleño. Éramos la escoria de esa comisión junto con una morocha medio gordita que se sacó 3 en el primer parcial y 10 en el segundo...
Ellos sí habían ido a la primera clase, pero no les había quedado claro tu nombre. Luego de soportar tu somnífero estilo docente, supe por qué.
Miércoles y ¡sábados!, de 7 a 9 de la mañana. El chabón se sentaba, musitaba unas boludeces, generalmente ininteligibles, generalmente tapadas por el ruido de los pocos autos que pasaban por Bonifacio, generalmente alejadas de lo que venía después. Y lo que venía después eran unas preguntas que daba para responder en un trabajo grupal.
A veces, al final de la clase cada grupo leía sus respuestas, pero nunca quedaba claro cuál era la posta entre minifragmentos de Husserl, Bernal y el celebérrimo Gaston Bachelard.
Vos, Walter Gadea, forro miserable, otro creído, con tu chamuyo de que les enseñabas filosofía a los pibes de primario en un colegio privado, chupame un poco la genitalia (estoy viendo mucho a la Rampolla), pedazo de infeliz. ¿A quién mierda le ganaste?
La guita que nos hiciste gastar en fotocopias heideggerianas al reverendísimo pedo, el ofri que chupé esa mañana de sábado de septiembre mientras esperaba que en la fotocopiadora dieran abasto con el malón que les mandaste (vos ibas un diego, supongo). ¡Nada de esa mierda me sirvió para un carajo! Ni la mierda de Heidegger ni la de Koyré, ni una puta parte del broli de López Gil y la tecnociencia y la concha de tu hermana (alta diferencia con la cátedra de Esther Díaz).
¡Y la deficiente que daba algunas clases! Ese bagarto que sin duda estaba allí a cambio de sexo, porque eso era lo único que te podías levantar, y vos eras el único que se podía garchar a ese dromedario jorobado y dubitativo. Le batíamos Tognetti porque se colgaba y balbuceaba con la voz quebrada como el “periodista inexperto” que hacía Tognetti, otro producto de Sociales…
La mina decía cosas como que “las mujeres de la villa se tiñen de rubias porque quieren ser como Susana Giménez. A ellas va dirigida la clase de mensajes como los de ese programa”.
Y eso le molestaba porque el éxito de esos mensajes impide que los pobres y excluidos (cuya representación pretendería arrogarse) compren sus esclarecidas ideas del PO o de los cuatro maoístas de Puan. Fuck you, mogólica, y espero que tengas un corte de pelo mejor que el que tenías entonces. Es una lástima que no recuerde tu nombre, para mencionarte como te merecés, pelotuda.
(Por cierto, las de clase media y alta no se tiñen ni quieren ser Susana Giménez).
Pero, volviendo a Gadea, una anécdota para tratar de expresar (y exorcizar) esa avalancha de mala onda que me tiró a cuento de nada, salvo de manifestarme su incomprensible desprecio.
Estaba yo tratando de responder esas abstrusas preguntas del enésimo trabajo grupal, y esa mañana nublada llevaba un buzo de la universidad de Georgetown, el mismo que tengo puesto ahora, 8 o 9 años después. Y vos, pedazo de mierda, que nunca me habías dirigido la palabra, que nunca explicaste nada, que me ignorabas y me seguiste ignorando como si fuera invisible, te acercaste y me dijiste: “¿Vos sos de Georgetown? Naaaa, qué vas a ser de Georgetown, vos sos de por acá nomás...”, y seguiste tu ruta.
Uno ve en películas como “Reto al destino” la forma en que los instructores tratan de desmoralizar a los aspirantes, y el sorete de “Garlea” bien que tenía aprendida su parte. Ojalá te mueras de cáncer después de ver morir de cáncer a toda tu familia, después de que se te queme toda tu biblioteca pajeramente heideggeriana, después de que se agrien todos tus barriles de cerveza Heidegger, sorete mal cagado, inoculate tu soberbia por el ojete.
Por esa materia de mierda (al final fui a final, valga la redundancia) me perdí a AC/DC, y me perdí de agarrar a Refinado Tom el día que ganó el Nacional: me perdí de ser testigo del que hasta hoy fue el último triple coronado, y me lo perdí a 1,50 a ganador.
Y no me presenté al final para no darle el gusto de bocharme, para no tener que pasar siquiera por la posibilidad de que me humillara de nuevo.
La concha de tu madre, profesor Walter Gadea, ojalá te googlees, salte este resultado y te enteres de que no olvido que sos una mierda.

Formulario (I)

Yo ….. nacido/a en ….. el ….. con domicilio en la calle ….. de ….., DNI N° ….., casado con ….. como paciente o representante de mi ….., Sr./a ….., en pleno uso de mis facultades, libre y voluntariamente, por medio del presente documento hago constar que el Dr./Lic. ….. me ha informado personalmente el día de la fecha sobre la necesidad de que se me/le efectúe tratamiento …..
Que he recibido claras y precisas explicaciones sobre la naturaleza, objetivos y beneficios del mismo, y los medios con que cuenta la institución, a mi completa satisfacción y de forma comprensible para mí; y me ha contestado todas las preguntas que le he formulado respecto al tratamiento propuesto.
Que se me ha informado claramente acerca de los riesgos, complicaciones y consecuencias que dichas prácticas pudieran provocar tanto por causas conocidas y/o desconocidas y molestias concomitantes, tales como …..
Además, se me ha informado sobre los beneficios previsibles del tratamiento indicado, las alternativas terapéuticas y los riesgos de su implementación como el del incumplimiento total o parcial del mismo.
Autorizo al profesional y equipo tratante a efectuar los estudios clínicos y prácticas necesarias y convenientes para la resolución de situaciones previsibles como imprevisibles o inevitables, tales como …..
Asimismo consiento que a tal propósito y durante el tiempo necesario y conveniente se me interne en ….. de esta capital.
El Dr./Lic. ….. me ha informado también que, como este consentimiento otorgado libremente no supone renuncia alguna a mis derechos, puedo cambiar la decisión en cualquier momento, sin necesidad de explicación alguna, habiendo dejado en claro más arriba que conozco los riesgos y consecuencias que esta determinación pueda generar. La anulación o cancelación de este consentimiento prestado deberá ser por escrito, firmado personalmente por mí y deberá ser recibido en el Servicio.
De encontrarme incapacitado para consentir o modificar mi consentimiento, delego todas mis facultades en …..
Afirmo estar enterado y ser consciente que el facultativo arriba mencionado se compromete a la máxima diligencia, prudencia y pericia en las prestaciones encomendadas y a poner a mi servicio los medios correspondientes, sin garantizar ni asegurar resultados a obtenerse.
Manifiesto mi plena satisfacción por la información brindada, comprendiendo la indicación y sus posibles riesgos y/o secuelas de este procedimiento, habiéndoseme aclarado la totalidad de mis dudas.
Habiendo leído este documento por mí mismo, siendo su contenido perfectamente entendible para mí, y afirmando que todos los espacios en blanco han sido rellenados antes de mi firma, en uso de mi libre voluntad, consiento y expresamente autorizo al Dr./Lic. ….. y su equipo a que realice las prestaciones indicadas.
Para que así conste, firmo el presente documento en Buenos Aires, el …..

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Deseo navideño

Ojalá todos los petardos que tiran les exploten en la mano, y los dedos se les caigan como salchichas desarmadas, pelotudos del orto.

Siempre quise que una chica me dijera esto (II)

Me vas a acabar en la boca, mi amor, ¿no?
Dale, dámela en la boca, nene, que me la quiero tragar toda.

Las manos de Filippi (revisitadas)

Todo aquel que piense
que Kirchner no es igual
tiene que entender que no es así....
Este es otro hijo de puta
y hay que matarlo...

¡Hay que matar al presidente!
(Es un narco como todos los demás)

Contaminación visual

Estoy viendo la tele, y está el loguito de cada canal en un ángulo superior de la pantalla. Algunos, incluso, son móviles y cada vez que hacen su gracia te roban un momento inconsciente de atención. En un ángulo inferior generalmente está el logo del programa, que parece imprescindible en esta era de tododiseño.
La temperatura y la humedad ocupan su espacio. Y suelen tapar los subtitulados, esos que a menudo pretenden aclarar lo que se entiende aun sin las letritas de colores y sus frecuentes errores ortográficos.
Ahora, encima, explotan promociones que invaden un cuarto de la pantalla y no dejan ver una escena crucial. Y pasan publicidad o informaciones por la parte inferior y te achican la imagen.
En pleno partido, los carteles de la cancha también cambian de color y, aun imperceptiblemente, hacen que el ojo se vaya un instante para ese lado. Y los pixelados y los sobreimpresos para tapar el logo del canal al que le robaron imágenes dejan menos de media pantalla limpia. Y seguro que la forma de los zócalos no es casual, que son más y más grandes para ocultar otros zócalos y otros logos…
A veces, las letritas del close caption –casi siempre desfasadas respecto del diálogo– aparecen por default. Cuando las desactivo, una barra indicadora me tapa la cara del chabón que habla. Eso sí, es más corta que la del volumen, que, por exasperantes tres segundos, parte la pantalla por el mismo medio cada vez que lo subo o lo bajo.
Pokemón es un aprendiz frente a este bombardeo visual.

Juan Cabandié

Este joven es el “nieto recuperado” número no sé cuánto.
En las últimas elecciones integró una de las colectoras kirchneristas y fue elegido legislador porteño/diputado de la ciudad/ex concejal/cómo carajo se llame.
Resulta que este muchacho fue uno de los aportantes en blanco para financiar la campaña del derrotado candidato Filmus. Sacó de su bolsillo 10 lucardas y taca taca las sumó a las que habían puesto Elvio Vitali, Juan Manuel Abal Medina, Silvia La Ruffa; el Jefe de Gabinete de Scioli, Alberto Pérez; María Laura Leguizamón y un largo etcétera que totaliza más de tres millones de mangos.
Me pregunto cómo ha hecho este joven, que apenas ronda los 30 años y que ha tenido una vida tan trágica, para consolidar un patrimonio que le permita donar semejante suma a tal causa. Y me pregunto también si en realidad no fue una forma de comprar su banca, o de ingresar en el círculo virtuoso de los que trabajan de políticos y viven por décadas del sueldo generoso que ellos mismos se otorgan.
De paso, encuentro entre los aportantes a la campaña de Telerman a Enrique Nosiglia, que apenas gatilló una luca, y a Emiliano Yacobitti, capanga de la Juventud Radical, que en su corta vida juntó tanta guita como para desprenderse sin hesitar de 16.000 pesos con el fin de apoyar al candidato judeo-afrancesado.
Por lo demás, el límite para los gastos de campaña era de 2.058.984 pesos. Macri y Filmus superaron los tres millones; Telerman, en cambio, excedió el límite por apenas 105.000 pesos. De todas formas, el 29 de noviembre de 2007, antes del recambio de autoridades, macristas, kirchneristas y telermanistas votaron a favor de una amnistía que liberó de responsabilidades a quienes cometieron irregularidades en el financiamiento de su campaña.

Sorpresa (y decepción) del cartonero

El cartonero part-time encuentra junto a unos árboles, en la cuadra de su casa, kilos de papel blanco que, presuroso, rescata. Nota que son apuntes estudiantiles y supone que se trata de algún adolescente que terminó su año lectivo, o viceversa…
Más tarde, clasificando el material para venderlo, descubre que son apuntes de la carrera de periodismo de la UCA pertenecientes a una vecina de dos casas más allá de la suya.
No solo hay apuntes y fotocopias sueltas: algunos cuadernos, un libro de inglés, fotos y CDs de trabajos prácticos, prospectos de pastillas anticonceptivas, un cronograma de su escasa dieta, dirección, teléfono y mail, una radiografía de un hueso indescifrable, presupuestos de restaurantes, una lista de invitados…
Así, el cartonero part-time se reencuentra con Weber, Marx, Comte y otros científicos sociales, o lo que hayan sido, a los que conoce de su trunco paso por otras aulas; se interesa en materias como Metodología y Redacción Periodística, desecha los apuntes de Teología, y, sobre todo, se encuentra con una ventana inesperada a la vida de otra persona, y con toda la energía que implica una cursada universitaria concentrada en esos papeles, y a la vez expulsada radicalmente de esa vida.
¿Por qué tiró todo? ¿Se recibió? ¿Dejó poco antes de terminar? ¿Se hinchó las bolas mal? ¿La lista era para una fiesta de casamiento? ¿Se mudó? ¿Se mudó porque se casó? ¿Se murió? Esas preguntas y una sorpresa incompartible hacen que piense en escribirle… una notita bajo la puerta: nop, de esas ya hubo tantas sin respuesta que podría publicar una antología. Mejor un mail.
Quizá se haya sentido identificado, o copartícipe de esa energía, de cómo queda arrumbada en la basura, de anotaciones como “¡BASTA! ODIO LA FACULTAD!!!!!!!!”.
El mail no viene de vuelta, pero tampoco es respondido; y la ansiedad con que esperaba esa respuesta los primeros días previsiblemente se trueca en el amargor de la leve decepción que trae el silencio.

Lisa Simpson se angustiaba en unas vacaciones al darse cuenta de que cuando era ella nadie le daba bola, y cuando era otra… tampoco. El cartonero part-time, que no es ni cartonero ni universitario, y tal vez ni siquiera persona, no encuentra un resquicio para desinvisibilizarse ni siendo él, sea lo que fuere eso, ni dentro de las fuerzas hipergravitacionales de las miradas que lo atan a su realidad módica, ni aun desde la anomalía “menos que zero” del lugar imprevisto.

Siempre quise que una chica me dijera esto

Una flor
no lejos de la noche
Mi cuerpo mudo
se abre
a la delicada urgencia del rocío

Un faso, tres años

A un jugador de básquet estadounidense que juega en la liga argentina llamado Pittman lo suspendieron por tres años debido a que en el control antidóping se detectó que había consumido marihuana.
Podés tomar anábolicos hasta convertirte en un deforme hipermusculado; darte con creatina, aminoácidos y miles de sustancias artificiales en orden a ser un titán ejemplar para las legiones de seguidores de los deportes, para los anunciantes y todos los que lucran con la mente sana, el cuerpo sano y demás valores apolíneos.
Podés hacer todo eso, que está OK. Podés hacer trampa y es la viveza del potrero que pervive en el deportista de élite. Ahora, te fumás un caño y te dan 3 años. (O 2 años y 6 meses, como al Lobo Cordone, que no es D10S, sino un simple mortal. D10S, en cambio, truchaba el antidóping, negociaba con el ferretero mafioso, y aún hoy está sin fallo el último dóping positivo que tuvo oficialmente).

Pedro Echagüe y Vieyra

Una escena salida de División Miami, pero en vez de merca, this is Baseland!

Igual, tanto ahí como en Santa Fe y Gallo paso a través de la gente como el fantasma de la canción…

miércoles, 19 de diciembre de 2007

La dieta de María

Lunes: 7:00, yogurt bebible. 10:00, barrita. 13:00, sandwich de queso. 17:00, tostada con queso. 21:00, fideos con salsa.
Martes: 7:00, yogurt bebible. 10:00, barrita. 13:00, sandwich de queso. 17:00, tostada con queso. 21:00, 1 milanesa de soja con tomate.
Miércoles: 7:00, yogurt bebible. 10:00, barrita. 13:00, sandwich de queso. 17:00, tostada con queso. 21:00, arroz con huevo.
Jueves: 7:00, yogurt bebible. 10:00, barrita. 13:00, yogurt con cereales. 17:00, alfajor blanco. 21:00, puré solo.
Viernes: 7:00, yogurt bebible. 10:00, barrita. 13:00, sandwich de queso. 17:00, tostada con queso. 21:00, ensalada de tomate y huevo.
Sábado: 13:00, yogurt con cereales. 17:00, tostada con queso. 21:00, ensalada de tomate y zanahoria.
Domingo: 13:00, yogurt con cereales. 17:00, tostada con queso. 21:00, milanesa de soja con ensalada.

Guarda que abre el semáforo

Ya se había hecho de noche el sábado, y me desvié unos metros de mi camino, tentado por la vidriera de la casa de deportes a mirar zapatillas que no compraré.
Cuando voy a cruzar la avenida por la mitad de cuadra, me asomo para ver más allá de la cupé Fuego blanca estacionada: el semáforo de la esquina acaba de abrir y me obliga a esperar que pasen los autos.
Mientras, recuerdo las decenas de noches que apenas a unos metros me asomé con la misma intención, pero con una grande de muzzarella, o una chica la mitad de anchoas y dos porciones de fugazzetta con queso, o una de jamón y morrones, sabiendo que en cinco minutos me iba a estar comiendo una pizza de La Flor.
Los autos aguardan nuevamente en el semáforo. Cruzo, y siento una profunda nostalgia por la pizza que ya no podré volver a comer; por las luces navideñas que, puntuales y centelleantes, anuncian que otro año se está yendo; por que me voy a cortar el pelo, y será más notorio que no soy el mismo de entonces…
Y todo lo que tuve y ya no tengo (ni tendré), y todo lo que tengo y estoy por perder, me atropella, y me manda al hospital.

Araceli González

La verdad es que esta mina nunca me pareció gran cosa, ni en el momento de su irrupción, allá por los 80, ni luego, reconvertida en actriz pedorra; ni luego, cuando condujo un programa de entretenimientos que fue un fracaso; ni luego, impuesta como cuarentona hot por algunos medios.
De hecho, no sé si alguna vez le dediqué una paja. (Esto no quiere decir mucho, tal vez: se las he dedicado a Silvina Chediek y a Maby Wells, por ejemplo…).
En realidad, creo que es el ejemplo palmario de la mina que no tiene que chupar muchas pijas porque supo chupar la apropiada (la del ciudadano estadounidense Adrian Kirzner).
Nunca me transmitió nada atractivo, ni interesante: ni siquiera deseo. Y en algunas declaraciones periodísticas me pareció una pelotuda/enferma que debería ir al psicólogo un buen rato. Decía que le daba miedo dormir con la luz apagada, o que le pegaba a la hija, incluso cuando esta ya era adolescente. La excusa en este caso es que “Flopy me pide límites”. Claro, y vos se los das fajándola.
O cuando contó que debutó con un carnicero (empresario carnicero, no un carniza de rioba) en un fitito. Ya de pendeja quería empresarios…
Si Nazarena (a quien detesto) hace declaraciones de esa índole, es re grasa, y enferma, anoréxica, expone a su familia, etc. Si esta mina dice esto, es cool, es divertida, o no sé qué es (es clase media canaltrecera clarinetera).
Es patética, en realidad. Tanto como los que no se animan a decirlo porque es la jermu del neo zar, o lo que sea.
Es una pobre forra.
(Bueno, pobre no es...).

Criminalización de la protesta

A raíz de los delitos cometidos por un grupete de piqueteros, o lo que sean, en el Ministerio de Desarrollo Humano de la provincia de Buenos Aires, en C5N entrevistaban al ex vicejefe de Gobierno provincial, ex dirigente de Quebracho y ex Montonero, Emilio Pérsico, que llegó a ese cargo en razón de su militancia piquetera (bueno, eso dicen).
En un momento, luego de señalar su discrepancia con el modus operandi de este grupo, Pérsico repitió que no había que criminalizar la protesta. Lo que no dijo es qué hacer cuando la protesta es criminal.
El ignoto periodista le preguntó entonces si para él debía encarcelarse a estas personas, que habían ido decididas a tomar el edificio y a cometer desmanes, incluso con bombas molotov. Y el ex funcionario se hizo el sota, dijo que no sabía, que –otra vez– no hay que criminalizar la protesta, que los luchadores del campo popular y bla bla bla…
Pérsico no dice nada al respecto porque tiene las manos machadas con sangre. Este criminal, que volvió al país dentro de la contraofensiva estratégica de Montoneros como parte del ala militar (y no como parte del ala política, cuyos integrantes cayeron como moscas), participó del intento de asesinato de Guillermo Klein, funcionario del ministerio de Economía de Martínez de Hoz.
Como parte de una teatralidad obscena, luego de asesinar a los custodios, evacuaron a la servidumbre y pusieron una bomba para que se derrumbara la casa matando aplastados a Klein y a su familia. Al igual que en la mayoría de sus operaciones militares, los asesinos fracasaron, y si bien la casa se derrumbó, Klein y los suyos finalmente fueron rescatados.
Esos crímenes siguen impunes. Sus perpetradores ocupan cargos públicos y, como es lógico, no condenan a otros delincuentes, como estos desmanados piqueteros, o lo que sean, que, encima, nos toman de boludos cuando dicen que ellos no rompieron nada.
Ya lo dijo Kirchner en Plaza de Mayo: “Volvimos”.

Campeonato de murgas

En una plaza del sur de la ciudad, de esas que no tienen rejas y a veces parecen trasplantadas de un suburbio porteño, o de un suburbio limeño, ahí, justo enfrente de unos edificios de departamentos, casi a diario se reúnen a ensayar unas murgas cuando el sol ilumina sin ensombrecer.
Incluso, más de una vez, en días de fin de semana, se han realizado “campeonatos de murgas” con la participación de varios grupos de cultores de esta forma de arte popular llegados en micros pagados por quién sabe, con su aspecto de “carne de Devoto”, o de Ezeiza, o de Marcos Paz.
A 10 metros de allí está el área de juegos para niños de la plaza, y chicos y bebés son aturdidos por los bombos y demás ruidos producidos por estas personas venidas de quién sabe dónde, al igual que los adultos que ocasionalmente pasamos por ahí.
En otras oportunidades, con el permiso de vaya a saber quién, o sin él, se instalan parlantes que atruenan reproduciendo discos compactos, o tocan bandas de rock que arman su escenario en el mismo césped de la plaza, enchufan sus equipos no se dónde y brindan su show para una veintena (los conté) de personas, que beben cerveza y fuman marihuana, mientras muchas más personas son espectadoras involuntarias del espectáculo.
Me gustaría saber si alguien hizo una medición de decibeles, tanto de los ruidos producidos por los bombos murgueros como por los parlantes rockeros, y su más que posible consecuencia negativa en los oídos de los niños que allí juegan.
No, no soy Elena Alegría, reclamando “que alguien piense en los niños”: sólo intento que mi reclamo toque fibras más sensibles que las alcanzadas por una apelación a la salud de los adultos, o al derecho al silencio, o al derecho al descanso de los vecinos de enfrente, o a su calidad de vida. Nada de esto tiene peso frente a esas personas, adultos, jóvenes y niños, que nos obligan a escuchar sus ritmos, amparados por el capricho de vaya a saber qué funcionario o puntero barrial, empeñado tal vez en que la cultura llegue a la gente, incluso a la fuerza, incluso a quienes no queremos participar de ella (que, por lo visto –y contado–, somos mayoría).
La salud de los niños, seguramente tampoco.
Si pusieran una plaza así frente a mi casa, me compro un rifle, una mira telescópica y empiezo a practicar tiro al murguero.

domingo, 16 de diciembre de 2007

Empastillado

Los vecinos de mierda que me han tocado en mala suerte joden tanto que al final rompieron el ritmo de mi sueño. Para recomponerlo, después de una semana y media sin poder dormir más de tres horas seguidas, decidí recurrir a la química –recetada–: “Algo natural, de venta libre”, dijo el psiquiatra, y me recetó melatonina.
Luego de un par de días, recuperé el sueño como bloque, bien que interrumpido por los vecinos, sus diarias visitas, los ladridos histéricos del perro y la re puta madre que los parió del orto.
“Llamó Mabel. Llegó un sobre de la UCA para Fer. No sé si es propaganda o es algo importante”.
“Cuatro kilos de tomates, 5 pesos”.
“¡Ay, Hugo! ¿No ves que eso es parte de su estrategia?”.
El efecto adverso es que me siento recansado, muerto de sueño, sin la (poca) energía que suelo tener. Ayer no podía mantenerme en pie: me acosté y me dormí, inesperada y bruscamente, por tres horas. Y decidí suspender la medicación. Ahora mismo estoy haciendo un esfuerzo para dedicarme a la compu aprovechando el silencio de los vecinos.
Pero no puedo vivir cuando yo quiero, sino cuando la vecina y su sirvienta (la urraca y la lechuza) me dejan. Sueño con ellos, sueño que hay gente viviendo en mi casa; sueño con gritos y ladridos, y me despierto y hay gritos y ladridos. Y me da cierto temor dormirme porque sé que me voy a despertar sobresaltado por estas viejas de mierda y su perro, o por el barrabrava del otro depto, que por suerte ahora se fue de vacaciones con su familia disfuncional.
Hay silencio, y me estoy durmiendo, y digo “mañana otra vez este quilombo”, y me angustio. Y me despierta el perro, y pego un grito, y escucho que la vecina dice “mala onda”. Ella me despierta y el mala onda soy yo.
Me tratan como a un prisionero iraquí. Me despierto con dolor en el pecho por el ruido, los gritos, los golpes que no puedo devolverles; y cuando cesa el bochinche, no sé en qué momento recomenzará, imprevisto, pero no inesperado.
Y encima siento el cuerpo y la cabeza empastados, atascados por el cansancio, y por estas pastillas del orto…

Tinelli

Mientras Marcelo Tinelli tenga éxito, este país va a ser una mierda.

Corrector de Word

Recién me equivoqué y escribí Crstina.
Le mandé el corrector de Word y la única sugerencia era cretina

Esto me hace recordar lo que ocurrió en Página 12, cuando cliquearon en “cambiar todas” y una errata en el apellido Coppola se transformó en Zapallo: “Guillermo Zapallo, el representante de Maradona…”.

Andrés Klipphan

Tal vez así se escriba el apellido de este sujeto que apareció en la tele hace unos años de la mano de Lanata, y que actualmente presenta notas de “periodismo de investigación” en canal 9 y C5N con una vocecita un tanto entrecortada.
(Este comentario es un poco tardío, pero cuando ocurrió el hecho que narraré este blog no existía).
Resulta que en la semana previa a las elecciones, cuando había consenso entre los encuestadores acerca del resultado, apareció este muchacho en el noticiero y dijo que una encuesta del CEOP le daba 35% a Cristina, 25% a Rodríguez Saá y menos de 20% a Carrió; Lavagna quedaba cuarto, con 10%, poco más o menos.
La noticia, de ser cierta, era sorprendente, y sin duda ameritaba una consulta con la cara pública de la encuestadora; en principio, antes de la difusión, para corroborarla; y de tener certeza de su veracidad, luego de darla, para profundizar en ella y los alcances que podría tener.
Pero no era cierta. Era parte de una operación payasesca que trataba de instalar a Rodríguez Saá como competidor con chances de llegar al balotaje con la botulínica candidata. En varios medios se trató de inflar las chances del que se coge a Esther Goris, ya con encuestas truchas, ya con periodistas que sin dar data exacta daban a entender que Saá atropellaba con fuerza en las últimas semanas. Todo, verso garpo por la fortuna de estos dueños de su provincia.
(De hecho, un rato antes, haciendo zapping, yo había visto a Bacman, el tipo de la encuestadora CEOP, diciendo que sus números estaban dentro del rango de los de la mayoría).

Klipphan, sos un trucho de baja calaña pagado por Rodríguez Saá, o si lo hiciste porque te dieron la orden, sos un perejilito sin huevos para negarte a vender pescado podrido (y ese canal es garpado por el feudalismo puntano)…
¡No te hagás el serio! Das risa, GIL.

Llamador de ángeles

Corroe la ciudad el siniestro tintineo de un adorno de moda, que, por lo que me comentan, responde al nombre de “llamador de ángeles”, y que, ciertamente, no carece de connotaciones esotéricas.
Bueno, si no corroe la ciudad, corroe mis oídos cuando la transito y esa poronga de ruidito hiper agudo me taladra la hipófisis a más de media cuadra de distancia en muchos y diversos lugares.
El llamador de ángeles consta de unas piezas de metal, o a veces también de vidrio, que se entrechocan por efecto del viento, produciendo ese desagradabilísimo sonido que describo quedándome corto. En cierta forma, se parece al adminículo usado en algunos negocios para que suene cuando alguien abre la puerta y alerte así a los empleados sobre la llegada de una persona, quizá un cliente.
Ya puedo hacer un mapa de departamentos de mi barrio desde donde este adorno perfora tímpanos. Por ejemplo, en el medio de la tarde de un día hábil, en una ancha avenida de seis carriles por la que transitan seis líneas de colectivos, puede oírse ese “tilín tilín” por debajo –o por encima– del ruido de los colectivos, de los autos, de los negocios, de la gente que pasa, del cotidiano siseo citadino del centro comercial del barrio.
Entonces, punzada la curiosidad por ver desde dónde proviene el ruidito en cuestión, uno empieza a mirar hacia arriba y encuentra que es desde el otro lado de la avenida. Cruza y en el séptimo piso de un edificio que está en una calle perpendicular a la avenida, a unos 20 ó 30 metros de la esquina, descubre el adorno, mecido por el viento, en un departamento de persianas bajas.
Si en ese lugar, con todo ese ruido y a esa distancia, esta mierda se las ingenia para trepanarme la paciencia, ¿qué no sentiré cuando la vieja puta del primer piso lo pone en su balcón, a dos metros de mi cabeza, donde debo oírlo día y noche, tarde y madrugada, como una presencia ajena, constante e incesante, en mi cabeza?

Nahuel

¿Cuándo va a venir Nahuel? Me dio 10 pesos para comprar faso y me lo voy a fumar todo…

Guillermo Moreno no continuará en la Secretaría de Comercio

Viernes 28 de septiembre de 2007 (un mes antes de las elecciones), página 23 de Clarín, columna de Marcelo Bonelli.
Volanta: Mientras Guillermo Moreno anuncia que no seguiría controlando los precios en el próximo Gobierno….
Primer párrafo: Guillermo Moreno, el polémico funcionario, no continuará al frente de la Secretaría de Comercio en caso de que triunfe la formula oficialista y Cristina Fernández de Kirchner sea la nueva Presidenta. (La ausencia de acento en la o de fórmula es una errata del original. Por lo demás, de la volanta al primer párrafo cambia el modo verbal: de potencial pasamos a futuro del indicativo; de probabilidad a certeza).
El segundo párrafo señala que la noticia circuló en diversos ámbitos empresariales.
En el largo tercer párrafo se afirma que “el origen de la filtración fue –para todos– muy convincente: el mismo Guillermo Moreno se dedica a transmitir su decisión. (…) En este marco tiene sentido la decisión de la cuestionada Beatriz Paglieri: inició la semana pasada un expediente para ser trasladada del INDEC a la Comisión de Comercio Exterior”.
En el cuarto párrafo, el último en que se toca el tema, dice que “se insistía que el polémico funcionario podría continuar en la función pública como titular de ENARSA”. (El verbo insistir rige la preposición en, pero Bonelli no lo sabe).
En cambio, el periodista sí sabe abrir el paraguas y habla por lo que comentan los empresarios: “Todavía no hay nada decidido sobre la futura estructura del Gobierno”. Y más adelante señala que “las versiones obedecen a humores temporarios en la Casa Rosada y a operaciones políticas de internas kirchneristas”. Para él “lo único seguro es que seguirían Alberto Fernández, Miguel Peirano, Jorge Taiana y Carlos Zannini”. Si es seguro, ¿por qué usar el potencial?
Amén de las internas y la volatilidad del humor K (o trastorno bipolar…), amén de la certeza sobre la continuidad de Peirano, no es casual que se haya afirmado el cese de Moreno en su cargo: es el símbolo del despotismo K, aun cuando su figura no alcanza en conocimiento del público la que tenía, por ejemplo, Tony Cuozzo, símbolo de la frivolidad menemista.
Cabe preguntarse si la afirmación de Bonelli es un grave error periodístico o si formó parte de una operación que pretendía limpiar la imagen del futuro gobierno de la presidente Kirchner, donde, como se sabe, Moreno seguirá en su cargo y, seguramente, con sus métodos (que, según se comenta off the record, incluyen poner un arma sobre la mesa a la hora de negociar).

Geriátrico

Cualquiera que haya observado, aun de pasada, un geriátrico a través de sus ventanas se habrá estremecido al ver esa colección de viejos vacíos de vida expuestos en una vidriera, inmóviles, abstraídos incluso de su vida, a veces sin que se enciendan las luces cuando la tarde ya lleva tiempo cayendo.
El otro día vi algo aún más desolador en uno de esos museos de cera: en el salón que da a la calle había un único televisor y un viejo mirándolo. Los demás miraban la nada, y algunos, alrededor de una mesa, estaban rodeados de personas más jóvenes, algún familiar quizá, o alguna enfermera.
El televisor no estaba conectado al cable y se veía en blanco y negro, con la imagen muy granulada. Estaba sintonizado en canal 7, quizá porque es el único que se ve sin cable y sin antena, y el viejo estaba mirando el programa infantil de ese canal.

Adivinanza

¿Por qué Aníbal Fernández, Guillermo Moreno, Ricardo Jaime, Julio De Vido y Alberto Fernández usan bigote?


Porque no tienen cara…

Un pete que no baja hasta los huevos…

… no merece llamarse pete.

viernes, 7 de diciembre de 2007

Terrazas del silencio

Últimamente, los nuevos edificios de departamentos ofrecen como valor agregado piscina, SUM, parrilla, quincho, gimnasio y otros sectores comunes, con eslóganes tales como “Viva como en country pero en la ciudad” o “Su casa en la ciudad”.
No, flaco: si querés vivir en un country, andate a un country; si querés una casa, comprate una casa. Un edificio de departamentos es un edificio, con gente viviendo pared de por medio, techo de por medio, y no tenés las libertades de una casa.
Cuanto mayor es el número de elementos que tratan de hacerte olvidar de que no estás en una casa, más te olvidás de tus vecinos, y, sabés qué, flaco, no tengo ganas de escucharte gritar semiborracho mientras hacés el asado el domingo a las 11. Quiero dormir hasta las 3 de la tarde, la puta que te parió.

Algún desarrollador de deptos nuevos debería ver este filón y apuntar a un público que quiere su departamento como un hogar, un lugar de calma, de trabajo (por qué no), de serenidad, de refugio ante el quilombo y la hostilidad de la ciudad.
Estaría bueno que alguien tomara nota de este nicho de mercado y lanzara un edificio donde los animales estuviesen prohibidos (de verdad), los ruidosos y los maleducados padecieran la condena social, y cada copropietario hiciese lo que se le canta el orto con el límite de no joder y no poner en peligro a los demás.
El emprendimiento podría llamarse “Terrazas del silencio” y un buen lugar es un barrio silencioso: hace unos años la calle Bonifacio era así, pero ahora está llena de edificios. Quizá por Boedo Sur.
¡Vamos, Guariniello, Tizado, etc.! Pónganse las pilas, que seguro que es negocio.
La idea de vivir “como en un country” ya fue, es re grasa, es re 90. Apuesten por lo nuevo, muchachos. Apuesten por la calidad de vida.

Subversión

Comentaba yo mi guerra de supervivencia contra mis vecinos invasores, que me tratan como a un prisionero iraquí, privándome del sueño, y permitiéndome vivir sólo cuando ellos quieren.
Y mi interlocutor me decía: “Si no te hacés respetar, nadie te va a respetar”.
Creo que es cierto. Y por eso estoy en guerra, aunque toda guerra es desgastante.
Sin embargo, en algún lugar de mi cabeza tenía configurado que debía ser al revés: que el respeto venía, o debía venir, dado de movida.
Y pensándolo, creo que debería ser así; que el respeto por el otro forma parte esencial del autorrespeto.
¿Debería ser así o es la puta educación que me comió la cabeza?
¿O es que soy un liberal, creyente en aquello de que la libertad propia termina donde comienza la ajena?
Como sea, mi casa empieza en las paredes y el cielo raso, y si quisiera escucharlos, los invitaría a tomar algo. Y si quisiera oler mierda de perro, tendría yo mismo un perro.

Nombres

Hay minas con las que uno tuvo una mala historia, aunque no fueran pareja, ni nada: una compañera de la fuckultad que me humilló y me despreció frente a todos; una empleadora garca hija de mil lacras que me tragó un dinero y me mintió por meses, cagándoseme de risa en la cara; una compañera de colegio, resentida y segundona, que por tres años intentó vanamente que dejara el cole haciéndome la vida imposible; la patotera que se da el lujo de amenazar con legalismos cuando es ella quien debería ser denunciada por ejercer y consentir que se ejerza violencia física y emocional contra sus hijos; la otra turra roba actos, pegoteada en su mediocridad y su prejuicio.
Así, ese mero nombre genera en nuestro cerebro unas ondas de asco y repulsión, y uno sabe que no podría enamorarse de una mina con ese nombre; ni siquiera cogerla.
Sabrina. Adriana. Nunca…

Equivalencias de los números de las zapatillas

Siempre compré Adidas. Básicamente porque me compraban Adidas. (Bueno, cuando era muy chico, me compraban Interminable, o Blitz…, no recuerdo cuál de las dos. En esa época también estaba Fulvence…).
Corte que la última vez que compré Adidas fue una mala compra: no sé si por el modelo, que quizá sea muy duro, o porque le pedí 42 o 42 1/2 y la vendedora (de la casa de deportes que está a media cuadra de Boedo y San Juan; pendeja soberbia….) me dio 42 2/3 ya que no tenía otro número, o por la disposición de los cordones… La cosa es que nunca las sentí cómodas, y menos para correr.
El año pasado me compré unas Nike en el outlet de Córdoba y Canning, porque eran 8 o 9 mangos más baratas que las Adidas que tenía en vista desde un año antes. Otra mala compra: en menos de seis meses se rompió la parte interna de ambas zapatillas, a la altura del dedo chiquito, lo que me produce dolor al caminar. Nunca más compro Nike.
Esa vez, como siempre, pedí 42, y me trajeron unas canoas; pedí 41, y las seguía sintiendo grandes; pido 40, medio sorprendido, y más o menos van. Ya me daba pudor pedír 39 o 39 1/2…
Le comento que siempre compraba Adidas 42 y entonces el vendedor me dice que los números de Nike son distintos de los de Adidas.
¡ERROR!
El imbécil este se refería a la numeración de Brasil, distinta de la europea, pero tanto en la caja de las Adidas como en la de las Nike, ¡vienen diversas numeraciones!
BOLUDO. ¡Ni para eso sirven estos forros, dios santo!
Hasta para vender zapas hay que tener una mínima capacitación, y una mínima inteligencia. Evidentemente, el pelotudo este no las tenía, y al explotador de chinos Mr. Nike le chupa un huevo.
Mucho músculo inflado con anabólicos, mucho tatuaje, mucha pose canchera, mucha mirada sobradora con los compañeros de trabajo, pero vender unas putas zapatillas es demasiado para tu pequeño cerebro, para tu pequeña voluntad, infeliz!!!!
Este año, harto de usar unas cómodas Adidas modelo 97 semidestruidas, que bastante se bancaron, busqué un poco, comparé precios y me terminé comprando unas Reebok que hasta ahora están bastante bien.
Pero, llegando al meollo luego de tanto circunloquio autorreferencial, noté que hay diferencias en las numeraciones de las tres marcas.
Por ejemplo, para Adidas, 42 2/3 europeo es igual a 9 de EE.UU. y 8 1/2 de UK (Y 270 japonés)
Sin embargo, para Reebok 41 europeo es igual a 10 de EE.UU. y a 8 de UK. (Y 40 de Brasil).
En cambio, Nike da dos números de diferencia entre Brasil y la Argentina, 40,5 allá es 42,5 acá; 41 es 43, y así. A su vez, ese 42 1/2 europeo equivale a 9 de EE. UU. (Y a 27 cm)…

Con todo este bardo uno, que buscaba comprarse algo para sentirse cómodo, termina confundido y gastando mucha guita en algo que le arruina los pies…

Aborto legal ¡YA!

Estar en contra de la despenalización del aborto es estar a favor de que las mujeres pobres arriesguen su vida metiéndose un cacho de perejil en la concha.

Recuerdos de la fuckultad

María Agustina Ruiz Barrea, devenida actriz y directora de teatro, más que seguramente es la misma turra mala onda que hace unos años estudiaba Sociología en la UBA. Tuve la desgracia de tenerla de compañera en Pensamiento Científico en Pu(T)án. Era la espantosa cátedra de López Gil y el desagradabilísimo profesor era Walter Gadea.
Muy probablemente hayamos compartido otros cursos multitudinarios en las mañanas que debimos pasar en esa ex fábrica de cigarrillos; pero ante tanta gente su mierdosa necesidad de llamar la atención se diluía... Luego reencontré esa cara alargada de mamerta y esos ojos de huevo duro en Marcelo T., mirando con desdén y dejando una estela repugnante de soberbia al paso de su figura desgarbada y bohemiamente producida.
Solo una anécdota para ilustrar su calaña altiva y agreta. Era la segunda clase de Científico. Yo había faltado a la primera porque me confundí la fecha de inicio del segundo cuatrimestre, y esa mañana no tenía el broli y andaba más perdido que turista en Parque Chas. La forma de encarar la clase de “Garlea” no ayudaba demasiado, pero ya me voy a ocupar de vos...
El chabón mandó un “trabajo grupal”, y, como de costumbre, los grupos se armaron con los que estábamos sentados cerca. En un curso que recién se inicia hay mucho de azar y poco de afinidad a la hora de elegir dónde sentarse. En mala hora, la tal María Agustina Ruiz Barrea estaba sentada cerca de mí...
Ella tampoco tenía el libro, a diferencia de otros que ya lo habían comprado. Sin embargo, se subió a cada comentario, se proclamó líder de hecho y con su actitud empezó a guiar al grupo (no en vano ahora sos “directora”, pelotuda) en un sentido que me dejó completamente afuera. Tanto que no pude meter un puto bocadillo en la hora y pico del puto trabajo grupal. Me ignoraron, y no solo ella, sino todos mis otros compañeritos; durante todo ese tiempo, ninguno me dirigió la palabra, nadie trató de integrar, y las pocas veces que yo creía vislumbrar la posibilidad de decir algo (eso ocurre poco en una materia como IPC, más aún en una cátedra tan árida y desconectada como López Gil), rápidamente Agustinita avasallaba, se tiraba de cabeza sobre el centro de la escena y chau a mis posibilidades de acotar.
No exagero: una hora y pico sin poder meter un bocado, sin que nadie tirara una pared, nada, a medida que mi malestar y mi impotencia iban creciendo y sofocándome...
La pelotuda hablaba como si supiera, con un aplomo y un convencimiento que le permitían ganarse un lugar en ese grupete de nabos. Pero rápidamente mostró la hilacha: en el libro había una cita de un autor en una traducción española, lo que se notaba por el empleo de la palabra ordenador. María Agustina Ruiz Barrea se mandó todo un speech derrochando conocimiento y certezas, hasta que Gadea, como al pasar, batió que “ordenador se refiere a la PC”. “Yo pensé que era algo para ordenar”, dijo la imbécil, sin que su engreimiento se viera mellado.
Por eso, desde acá quiero decirte, María Agustina Ruiz Barrea, andate a la reputísima madre que te parió del culo y la concha de tu madre, forra de mierda, creída del orto. Pasaron no sé cuántos años (no quiero recordar cuántos), y ese es uno de los epítomes de la mala onda asqueante, abrumadora y enfermante de ese lugar.

Soberbia e invisibilidad son las dos palabras que más elocuentemente definen mi trunca experiencia universitaria. Vos, turra de mierda, con tu soberbia me invisibilizaste mal, me hiciste sentir para el orto en ese grupo de ratas soberbias, desconsideradas, maleducadas o el adjetivo que mejor les cuadre. Y cada vez que me acuerdo de ese lugar, me acuerdo inmediatamente de la mala onda, y encadenado me reaparece este recuerdo. ¡La re puta que te parió!

Lo importante es menstruar

Sip.
Y deberíamos saberlo.

Y también deberían saber, chicas, que deben avisar cuando están menstruando y vamos a coger.
¡Qué feo cuando la sacás y el rofo chorrea un líquido maloliente del color de la camiseta de Lanús!
Me pasó.

Todo esto es ficción

Sépanlo.
Así que no jodan sintiéndose ofendidos por la crudeza del lenguaje, no hagan denuncias absurdas (como le pasó a alguien que conozco, a quien una garca del orto acusó penalmente por “escribir cosas en internet” luego de tenerlo empleado en negro y tragarle un par de sueldos, atribuyéndole hechos que no sólo él no cometió, sino que, además, no constituyen delito), no rompan las pelotas ni crean ver inexistentes abusos.
Esto es producto de una imaginación afiebrada, del dolor de cabeza (y de pecho, del lado izquierdo) que me producen los hijos de puta de mis vecinos, que me impiden dormir más de cuatro horas seguidas con sus perros, gritos, saltos, música, peleas, etc.; fosco producto del cansancio acumulado y de las ganas de cagarlos a piñas. Lástima que no me da el cuerpo…
Lo mismo el uso de la primera persona, mero recurso estilístico, y los nombres propios o marcas registradas, que si existen en la realidad, es de puro pedo.
Estoy practicando para el concurso de novela de Clarín del año que viene. Es eso. Ya lo saben.